viernes, 20 de enero de 2012

Literatura adolescente y rito inciático


Ha muerto José Luis Martín Vigil. Mejor sería decir murió, porque el óbito se produjo hace casi un año,  aunque no haya trascendido hasta hace pocos días.
Al margen de la polémica levantada por la forma en que Luis Antonio de Villena glosó al escritor desaparecido, me gustaría dedicarle mi primer post en este blog a esta pregunta que tiene que ver sólo lateralmente con Martín Vigil: ¿Existe la literatura para adolescentes? Sin duda sabemos señalar qué es literatura infantil. Algo más complicado resulta hacerlo con la juvenil. Pero, si queremos darle un perfil a la literatura adolescente, los límites se resisten a la nitidez.
Martín Vigil se hizo famoso por sus novelas para adolescentes, o que encontraron entre ellos su público más entregado. Yo leí en el momento adecuado, mis 17 años, un par de ellas, la más famosa, “La vida sale al encuentro”, y otra que no figura en su biografía en la Wikipedia, “Primer amor, primer dolor”, seguramente por lo mala que era. Lo cierto es que tampoco me gustó la primera citada. Yo ya andaba liado con la literatura de adultos, aunque no entendiese la mitad de lo que leía, pero, sobre todo, había elegido mi novela de adolescencia un par de años antes (dos años es toda una vida a esas edades). Esa fue, debo confesar aquí, “Edad prohibida”, de Torcuato Luca de Tena. La leí muchas veces, especialmente cierto pasajes.
(Característica primera de la literatura para adolescentes: es excluyente. Nadie  puede tener dos novelas de adolescencia. Es lógico: un rito iniciático se pasa sólo una vez)
Afortunadamente, aquello se me pasó pronto, pero hay quien ha querido escuchar en mi “Más lo siento yo” ecos de "Edad Prohibida". Seguramente tengan razón.
La literatura de adolescentes, me atrevo a decir, cumple, o cumplía, el papel de sustituir el rito iniciático que la sociedad moderna ha perdido. Hay remedos, como la tontería de la fiesta de graduación o, antes, la costumbre bárbara de llevarse de putas al adolescente masculino. De hecho,  los padres urbanitas de mi generación, pero sobre todo de las siguientes, no terminamos nunca de ver a nuestros hijos como adultos. No es de extrañar que sean  ellos, los propios chicos y chicas los que se inventen sus propias pruebas para sacarse el “carné de adulto”, normalmente equivocadas: la primera borrachera, el primer porro…
(Característica número dos: como en los cuentos, como en los mitos, los protagonistas de la novela de adolescentes pasan por una serie de pruebas por las que abandonan la isla segura y feliz de la infancia y desembarcan en el territorio desconocido de lo adulto)
Me parece, no obstante, que ese papel iniciático se lo está robando el cine a la literatura desde hace muchos años, especialmente el estadounidense (recordemos “American Graffitti”).  De hecho, la última novela de adolescentes española que recuerdo es “Historias del Kronen”, que rápidamente se convirtió en un éxito cinematográfico, ambas cosas ante el asombro de la crítica. Lo mismo que le ocurrió en su momento al propio Martín Vigil.
(Característica número tres de esta literatura es que sus valores, ajenos al estilo o la calidad, no son comprendidos por los adultos, porque el principal de ellos es que sabe vibrar en la misma longitud de onda que los jóvenes de una determinada generación. Por eso, si una novela de este tipo triunfa, se convierte en una referencia generacional. Ha sido así desde “Werther”)
Me gustaría saber si hay alguna novela para adolescentes que triunfe hoy y que cumpla con estas características. He preguntado a mis hijos y me dicen que no pero, claro, ellos ya dejaron de serlo.

21 comentarios:

  1. Yo a mis hijas las he visto mucho tiempo con la saga de Crepúsculo. Creo que cumplen las características.

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  2. Otras novelas de adolescentes y que también han sido llevadas al cine son las escritas por Federico Moccia (A tres metros del cielo, Hoy tengo ganas de ti...). En mi opinión, el éxito estriba en la identificación con la edad de los personajes, en que se rebasan los límites prohibidos y sobre todo en la presencia del amor ( y el dolor, como en la novela de Martín Vigil).

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  3. ¡Hola!
    Me ha gustado tu crítica David. Yo también leí algo de Martín Vigil en la adolescencia, en un grupo de amigos con local social en el barrio... pero no soy capaz de recordar cual... Siento su muerte silenciosa y silenciada. ¿Eran peores sus novelas que las de Harry Potter o Crepúsculo? No lo creo.... Era otra época simplemente.
    Besos.AlmaLeonor

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  4. Más que una crítica es una reflexión un tanto especulativa, Alma. Yo creo, Elena, que las novelas de género fantástico no suponen un salto al mundo adulto. Creo que prolongan la adolescencia. Es por discutir. Gracias a tod@s

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  5. Juan Varela-Portas20 de enero de 2012, 19:50

    Uf, qué susto. Creí al ver el título que la falta de gusto por "El señor de los anillos" llevaba aparejado el gusto por Martín Vigil (tendría su lógica). ¡Menos mal que me equivoqué! ¡O que el autor de la entrada no se ha atrevido a confesar la verdad ;-)

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  6. Mi confesión auténtica es "edad prohibida". ¿Alguien la leyó?

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  7. Pues quizás tengas razón, David. Al menos en algunos aspectos. De hecho hay muchos treinteañeros enganchados a este género, a novelas en la línea de Crepúsculo. Y quizas, no lo sé,por eso están de moda los crossover. Tal es así que las editoriales han visto interesante forjar un término para una literatura y un público ya existente. En este sentido, puede que se quiera extender la edad de cierta literatura. Bajo esta etiqueta están los libros de Matilde Asensi, Harry Potter, Crepúsculo, los de Moccia y bastantes más. No todos de tema fantástico, pero muchos, sí. De todos modos, en mi opinión, lo que engancha a los adolescentes es el mundo idealizado que transmiten: Protagonistas perfectos a los que envidiar y a los que imitar; aventuras para hacerlas propias... Así son los libros de Moccia. Un poco como los Martín Vigil, salvando todas las distancias literarias que haya, yo no puedo juzgar. No recuerdo la calidad literaria de Martín Vigil, solo que enganchaban, y a Moccia lo he picoteado.

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  8. Yo confieso... Leí "La edad prohibida" hasta me acuerdo del nombre de algunos de sus personajes (eso sí que es un milagro cuando se me olvidan tantos de personajes que me fascinan): me acuerdo de Celia, de Maribel, de Enrique... El episodio de cuando juegan a tinieblas, el final en el que repite una y otra vez el nombre de Celia, las oposiciones a funcionario de prisiones... Y se me ha olvidado el nombre del protagonista porque me pareció un capullo integral desde el principio hasta el final. Entonces no hubiese dicho capullo, seguramente lo juzgaba aburrido. A mí me enganchó y lo leí a la par que el único título que en mi currículum lector de Martín Vigil, "Una chabola en Bilbao". No puedo juzgar a este último autor, en mi grupo era todo un mito porque una de las chicas de mi clase formaba parte de su cenáculo de adolescentes con la puerta de su casa perpetuamente abierta. Yo pensaba que los exponía al microscopio y luego escribía. Me resultaba algo bastante turbador, sobre todo por la alegría con la que ellos se exponían, pensándose especiales, ansiosos por pasar a formar parte de su imaginario de personajes.
    "La edad prohibida" y esa novela de Martín Vigil fueron mi puente literario entre las novelas de Enid Blyton y Unamuno, que leí el verano siguiente ("La tía Tula"). Tuve que esperar a trabajar en el mundo editorial para leer sagas y sagas de fantasía y hasta novelas de amor de quiosco, que eran, en gran parte, junto con las novelas de Estefanía, la iniciación a la lectura para otros adolescentes.
    Mi hija es más de Moccia, pero para la evasión prefiere las series de televisión, y en lectura ahora está enganchada a Oliver Sacks.

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  9. ¡Qué parecido a mi caso, Paloma! Aunque en mi caso Enid Blyton llegó primero, me imagino porque era la serie más "infantil" de Los Siete y Los Cinco. Seguramente en tu caso serían las novelas de internados y esas cosas.
    Y la Tía Tula de la colección RTVE junto con Salgari, Melville, Stevenson y Verne en los veranos. Ah, y la señora Christie. Qué gozada. Me pongo melancólico. Qué interesate que luego hayamos escrito cosas tan distintas. ¿no?
    Tendré que echarle una miradita a Moccia, que parece lo más próximo al tema de esta entrada.

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  10. En el mío también, David. Primero Enid Blyton con los cinco y luego Torcuato Luca de Tena y Martín Vigil, de ahí a la generación del 98 de cabeza. "La tía Tula" en la misma colección que tú, después empezaron a caer los clásicos de editorial Losada que vendían en la sección de libros de Galerías Preciados, entonces bastaba ir en metro a Callao y entrar directamente por la sección de libros para comprarlos. Mis amigas y yo llegábamos a pactos para comprarlos porque teníamos muy poco dinero, nos poníamos de acuerdo en los títulos y luego los intercambiábamos, así cayeron después de Machado y Miguel Hernández, Alberti, García Lorca, Pedro Salinas, Tagore, Juan Ramón Jiménez, Hermann Hesse (fue él el que inició con "El lobo estepario", otro salto cualitativo). Y después un descubrimiento que me dejó noqueada: José María Valverde. Lo descubrí en el programa de Sánchez Dragó en una entrevista. No paré hasta que conseguí que me regalaran su libro, que luego desapareció misteriosamente en una mudanza. Aún sigo buscando la misma edición para conservarla.

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  11. Suerte en esta nueva andadura amigo.
    Dos cosas: a los a los adolescentes de hoy no es el cine el que se los roba a la literatura. Son los videojuegos, interactivos, hiperreales, violentos, en red, los que no dejan hueco. Al menos a los chicos. Encontrar hoy un chico que lea es como dar con una pepita de oro en el Manzanares.
    No olvidar AMOR de Michel Quoist. Literatura para adolescentes en la onda social catolica de los 50, de la que sin duda es deudor Martín Vigil.

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  12. En mi adolescencia, Martín Vigil me caía un poco a trasmano, pero sí creo que tienes razón con ese papel de la literatura como ritual iniciático de paso de la adolescencia a la madurez. Y a tal respecto y no hace sino unos días, en la presentación de la última novela del discreto amigo Santiago Gil, hablamos de otra novela paradigmática en ese sentido, "La línea de sombra", de J. Conrad.

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  13. También leí a Martín Vigil en mi adolescencia, pero la lectura que más me marcó a mis catorce años recién cumplidos fue "El exorcista" de William Peter Blatty, que coronaba mis preferencias por los cómics que hicieron las delicias de mis doce y trece años ("Vampus", "Rufus", "Creepy", "Dossier Negro"...) Los superhéroes de Marvel no colmaban mi búsqueda de emociones, porque lo que más me gustaba era pasarlo estupendimal. La novela de Blatty me gustó mucho. Tardé años en leer algo tan intenso. A partir de los 16 años mi compulsividad lectora me llevó a una mayor variedad. Nunca leí las novelas de los Cinco y solo leí una de la serie de Guillermo de Richmal Crompton. Lo mío era el universo fantaterrorífico, como le gustaba llamarlo a mi querido amigo Paul Naschy.

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    1. No puedo dejar de mencionar "El diablo en el cuerpo" de Raymon Radiguet así como "Veinte poemas de amor y una canción desesperada" cuyo autor ni hace falta nombrar.. De hecho, todas las etílicas noches de mi adolescencia se brindaron por el poema número 20 de Neftalí Reyes para mayor excentricidad. Me marcó saber que nosotros los de entonces ya no seríamos los mismos.. Gracias siempre a mi profesor de literatura que anda por estos lares..

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  14. Los niños y preadolescentes leen hoy también unos libros llamados "El diario de Greg", en el que Greg, con tono de humor cuenta cosas sobre su familia, sus amigos, la escuela y la vida en general. Los he ojeado y observado que les gusta hasta a los niños que no les gusta leer mucho, o que cada autor tiene su público.

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  15. Muchas gracias por vuestras aportaciones. Veo que cada uno tiene un libro de adolescente y que no siempre se atiene a las reglas que había propuesto. Nos movemos entre "El exorcista" y "Veinte poemas...". Eso está muy bien. A mí, la bofetada definitiva para sacarme de la literatura adolescente me la pegó "Cien años de soledad" que leí en COU, creo. Leí más de tres cuartas partes del libro de un tirón hasta terminarlo a las seis de la mañana en un estado que imagino muy próximo al de un buen colocón de psicotrópico. Flotaba y me caían flores alrededor. Ya nunca volví a tener esa revelación. Ahora, si leo en la cama, no paso de una página.

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  16. Pues en mi caso yo creo que el cambio vino con mi descubrimiento de la literatura sudamericana. Máquez, Allende y Cortázar fueron quienes me introdujeron en la "literatura adulta", pero antes había devorado "El señor de los anillos" y todos sus apéndices, "La historia interminable" (la cuál sigo releyendo de vez en cuando) y prácticamente todos los libros de Gerald Durrell.

    Tirando del hilo, recuerdo que el primer libro que me leí fue una novela de ciencia ficciónque creo que se llamaba "La Ciudad de cristal" aunque recuerdo muy poco de ella y, buscando en google, sólo me aparece un libro publicado en el 2003 de Orson Scott Card. Recuerdo que este libro iba sobre unos chavales que deciden construir un cohete y, sorprendentemente lo consiguen. Sé que son muy pocos datos pero, ¿alguien la conoce?

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  17. Gracias al blogger Torrejón y gracias también por los comentarios. Cuando murió J.D. Salinger una revista de literatura argentina publicó un artículo hablando no muy bien de ese autor y definiendo su obra como "literatura para adolescentes". La etiqueta me dejó un poco molesto, ya que he disfrutado de Salinger de mayorcito (¿¿el crítico me trataba de inmaduro??) y también porque si de hecho se trata de literatura para adolescentes y es de la mejor factura no sé qué hay de malo en que así sea.
    A mis quince leí El Idiota, de Dostoievski, en clave adolescente. Supongo que estaba un poco chalado, bueno, lo normal, pero me resultó de lo más excitante.

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  18. Excelente aportación, Eduardo. Soy feliz de recibir aportaciones desde el otro lado del español. Es totalmente cierto que "El guardián entre el centeno" seguramente sea uno de los libros de mayor influencia en la literatura estadounidense. Pienso que suelen leerlo en la adolescencia, sí, pero su influencia es perdurable a lo largo de la vida, la escuela de cuentistas norteamericanos no se entendería sin él, de Tobías Wolf a Raymond Carver pasando por tantos otros. A estos efectos recomiendo el libro "Ficción súbita. Relatos cortos norteamericanos". Está en Anagrama (1983) y seguramente sea difícil de encontrar. Lo de ultracortos que no os llame a engaño. Son de dos a cuatro páginas. Ahora sí que es todo ultracorto. Y de eso irá mi próximo post, que seguramente sea polémico.

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  19. Yo leí, gracias a mi prima Marina, "La vida sale al encuentro" y creo "Una chabola en Bilbao"; ella leía las aventuras de los Cinco y otras cosas que se divulgaban entre los jovencitos ciudadanos. En mi pueblito tenía acceso a la biblioteca del instituto (de donde leí "La vida nueva de Pedrito de Andía", de Sánchez Mazas), lo que leía mi hermano anterior (recuerdo "Crónica del alba", 1, 2, y 3, de Ramón J. Sender)y, en los dos años finales de bachillerato, "Rojo y Negro", "La Regenta". Del baúl de mis abuelos, "Las aventuras de Dick Turpin" y algunas novelas rosas por entregas. Bastante aleatorio.

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  20. Mis alumnos no leen, DEVORAN los libros de Alfredo Gómez Cerdá. Uno tras otro, opera omnia. Casi les tengo que regañar para que se saquen otros autores de la biblioteca. Luego están los de Laura Gallego, que también van cayendo uno tras otro. Un día os cuento cómo va eso; pero sí que echan a leer en cuanto pierden el miedo a las páginas. Tengo un buen número de chavales que se embaulan un libro cada quince días, al menos, y le han cogido el gusto.

    Dativo.

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