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lunes, 23 de mayo de 2016

Viejas historias de Castilla la Vieja, de Miguel Delibes

Por Luis Junco

Hay relecturas que son como los regresos del hijo pródigo a la casa familiar, retornos a una antigua vida plena de referencias emocionales que uno descubre con agradable sorpresa que resisten el paso del tiempo.

Una de ellas es la de este viejo libro de Miguel Delibes, que leí por primera vez hace casi cuarenta años y que en su estructura y temática curiosamente reproducen esto mismo de lo que estoy hablando.

En el primer relato, un joven estudiante se va de su pueblo y en el camino se encuentra a Aniano, un vecino.

"¿Dónde va el Estudiante?" Y yo le dije: "¡Qué sé yo! Lejos." "¿Por tiempo?", dijo él. Y yo le dije: "Ni lo sé." Y él me dijo con su servicial docilidad: "Voy a la capital. ¿Te se ofrece algo?" Y yo le dije: "Nada, gracias Aniano."

Durante un tiempo quiere ocultar su condición pueblerina, le parece un estigma, pero con los años este sentimiento cambia. El vértigo de la vida urbana, la sensación de fugacidad y falta de raigambre le van pesando.

Después de todo, el pueblo permanece y algo queda de uno agarrado en los cuetos, los chopos y los rastrojos. En las ciudades se muere uno del todo; en los pueblos, no (...)
Y empecé a darme cuenta, entonces, de que ser de pueblo era un don de Dios y que ser de ciudad era un poco como ser inclusero (...) porque mientras el pueblo permanecía, la ciudad se desintegraba por aquello del progreso y las perspectivas de futuro.

En el último relato nos da cuenta de su regreso, cuarenta y ocho años más tarde:

(...) me topé de manos a boca con el Aniano, el Cosario, y de que el Aniano me puso la vista encima me dijo: "¿Dónde va el Estudiante?" Y yo le dije: "De regreso. Al pueblo." Y él me dijo: "¿Por tiempo?" Y yo le dije: "Ni lo sé." Y él me dijo entonces: "Ya la echaste larga." Y yo le dije: "Pchs, cuarenta y ocho años". Y él añadió con su servicial docilidad: "Voy a la capital. ¿Te se ofrece algo?" Y yo le dije: "Gracias, Aniano".


Pues esta misma sensación de sueño repetido en el que ha pasado el tiempo me produjo a mí esta relectura de Viejas historias de Castilla la Vieja, hecha cuarenta años después de la primera. Una sensación nostálgica, tal vez, pero agradable. Seguramente porque la lectura reproducía todo el aroma de las cosas verdaderas, esenciales.

Miguel Delibes, Viejas historias de Castilla la Vieja (Alianza Editorial, 1969)

viernes, 8 de noviembre de 2013

Un libro de James Stephens

James Stephens (1882-1950) es otro de los escritores irlandeses poco conocido pero de enorme talento. Contemporáneo de Flann O´Brien y de James Joyce, comparte con el primero el humor, la fantasía y el deseo de recuperar los principales mitos y fábulas de la tradición irlandesa; al segundo profesó verdadera devoción, simpatía que –salvo algunos desencuentros– parece fue mutua y que llevó al autor de Finnegans Wake a declarar que en el caso de que la muerte le impidiera acabar la obra, la única persona que podría hacerlo sería James Stephens.

Sus obras más conocidas en nuestro país son La olla de oro (Ed. Siruela, 1993) y La mujer de la limpieza (Ed. El Viento, 2012); pero tiene otras estupendas obras aún no traducidas (que yo sepa) y entre las que destaco: Irish fairy tales, un delicioso conjunto de relatos de hadas, y Here are ladies, otro libro de relatos que tiene como motivo principal el conflicto entre los sexos. 

Para dar una idea de la ironía, sagacidad y buen arte de este escritor, comento brevemente un relato de este último libro en que se trata de los mundos tan diferentes del hombre y la mujer, confrontados en la institución del matrimonio. 

El protagonista es un hombre tranquilo, esencialmente silencioso y a quien la proximidad del matrimonio le hace afrontar algo que antes no se había planteado: la conversación con una mujer toda la vida. 

Al tiempo que se acercaba el día de la boda le crecía el miedo a la prolongada conversación que se extendería desde ese día, hasta su muerte, y, cada vez más, le creció la duda de poder lidiar o ser capaz de resistir a ese extraordinario debate que se llamaba matrimonio. 
Con hombres, decía, uno puede hablar o estar en silencio, según se prefiera, pues entre ellos hay un común entendimiento que convierte el silencio en un interludio fructífero durante el cual un pensamiento puede mantenerse al abrigo, cálido: ¡pero con una mujer!

viernes, 3 de mayo de 2013

Argentino, de María Paz Ruiz Gil


Recordad que podéis mandarnos vuestros relatos a naufragosagrafos@gmail.com.

ARGENTINO

Abrió la boca por primera vez, una rabiosa boca gigante que tronó como el eco primigenio de la humanidad. Le dijeron que era varón, argentino, y que su ictericia se desvanecería bajo un chorro de sol. De adolescente recorrió manglares infestados de lagartos y trochas casi líquidas, y se convirtió en el primer traductor del balinés al kurdo. Harto de pensar en dos idiomas diminutos, se hizo catador de nieve, pero después de haber conseguido ver y saborear los cuarenta tonos que tiene el blanco, pegó un grito y se transformó en imitador de insignes muchachas pelirrojas que no fueran irlandesas. Consiguió tener una piel tan curtida como un pollo asado y así reírse de la ictericia, cambió su sexo por uno que pudo comprar, más aplastado y misterioso; pero jamás pudo dejar de ser argentino.



María Paz Ruiz Gil
Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y desde entonces se dedica a la literatura y al radio arte.
Sus microrrelatos aparecen publicados en diferentes revistas, antologías y periódicos de España, Colombia, Estados Unidos y México y Alemania. Desde el año 2009 escribe un blog dedicado a la ficción  llamado “Diario de una cronopia”, que hoy es una bitácora de referencia en el género hiper breve. Su primer libro publicado fue “Micronopia”, edición cartonera que se agotó en España y que se publicará en México y Chile.
En 2011 resultó ganadora del X Premio Internacional de Relato Corto Encarna León, uno de los más prestigiosos en lengua castellana.
Su novela “Soledad, una colombiana en Madrid”, ha sido publicada por Ediciones B en Colombia y presentada en la FILBO de 2012.
Su relato “Los amantes de la vagina magistral”, se publica en España noviembre de 2012.
“Pop Porn”, su libro de relatos eróticos se publica en diciembre de 2012 en Bogotá, gracias al Museo de Arte Erótico de América (MaReA), y en 2013 en México con Ediciones del lirio y Editorial Cariátide.




martes, 12 de febrero de 2013

A Salinger también lo leen pendejos, de María Paz Ruiz Gil



Comenzamos aquí esta nueva sección de Relatos, en la que iremos publicando pequeños textos que nos parezcan interesantes. Así que ya sabéis, si tenéis por ahí algún relato guardado en un cajón, u os apetece escribir algo, mandádnoslo y, si lo consideramos oportuno, lo publicaremos, junto con una pequeña biografía del autor.

A Salinger también lo leen pendejos

Se citaron en un café sin tiempo ni memoria. Él no llevó el libro de Salinger bajo el brazo, ella se vistió con la falda veneciana que la hacía parecer recatada. A ella le maravilló su voz de declamador de bautizos, él quedó asombrado con el tamaño de sus tetas. No tomaron café ni té; pidieron whisky para que todo lo que iba a ocurrir, pasara más deprisa. Él reía exhalando un tufo de seductor, ella fumaba para atontar sus nervios, y tiraba de la manga de su chaqueta con una frecuencia incómoda. Él pidió la cuenta y pensó que llegarían antes en taxi; pero al darse cuenta de su mano ortopédica cayó sentado en la mesa. Horrorizada por el efecto de su prótesis, ella se la arrancó y le mostró un muñón asimétrico remendado por una cegueante cicatriz. Él corrió a la barra a pagar. Ella estalló de rabia. Y como el hombre estaba escapando por la puerta, lanzó su mano con toda la fuerza de su brazo plenipotenciario para abofetearlo.

María Paz Ruiz Gil
Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y desde entonces se dedica a la literatura y al radio arte.
Sus microrrelatos aparecen publicados en diferentes revistas, antologías y periódicos de España, Colombia, Estados Unidos y México y Alemania. Desde el año 2009 escribe un blog dedicado a la ficción  llamado “Diario de una cronopia”, que hoy es una bitácora de referencia en el género hiper breve. Su primer libro publicado fue “Micronopia”, edición cartonera que se agotó en España y que se publicará en México y Chile.
En 2011 resultó ganadora del X Premio Internacional de Relato Corto Encarna León, uno de los más prestigiosos en lengua castellana.
Su novela “Soledad, una colombiana en Madrid”, ha sido publicada por Ediciones B en Colombia y presentada en la FILBO de 2012.
Su relato “Los amantes de la vagina magistral”, se publica en España noviembre de 2012.
“Pop Porn”, su libro de relatos eróticos se publica en diciembre de 2012 en Bogotá, gracias al Museo de Arte Erótico de América (MaReA), y en 2013 en México con Ediciones del lirio y Editorial Cariátide.


viernes, 7 de diciembre de 2012

En el ojo del huracán. Nueva antología de narradores puertorriqueños


La literatura puertorriqueña es injustamente desconocida en España. Baste recordar que su mayor clásica, la poeta Julia de Burgos, sólo ha sido reconocida en nuestro país como parte imprescindible de la literatura hispanoamericana tras la reciente publicación por parte de La Discreta de su Obra poética (2008 y 2009). De hecho, de los autores de esta antología, sólo dos, los curadores, han sido publicados en alguna editorial española de difusión internacional. Pero no por ello nos encontramos ante una literatura menor o marginal, sino ante una gran tradición literaria que, frente a la proeza cultural, social y política de su mantenimiento en español en condiciones aún fieramente coloniales, sólo ha cosechado un injusto silencio por parte de quienes deberíamos mostrarle admiración y el mayor apoyo. Por eso, tenemos la esperanza de que esta antología, que recoge relatos de escritores nacidos entre 1957 y 1982 (aunque la mayoría de ellos en los años 60 y primeros años 70), tenga la difusión que merece, tanto por la calidad de sus relatos, como por la visión de conjunto que nos permite obtener de la realidad cultural y social puertorriqueña ya bien entrado el siglo XXI.

La antología ofrece algunos planteamientos novedosos con respecto a otras muestras más tradicionales: no distingue entre puertorriqueños de la isla y de la diáspora (más aun, de los 24 relatos tres están escritos en inglés), y ofrece una serie de temas relacionados con las realidades urbanas y con preocupaciones que podríamos llamar postmodernas, así como una poética del fragmentarismo, la distorsión y la ambigüedad que tampoco puede ser relacionada con las narraciones tradicionales. 

No existe atisbo en los relatos de uno de los temas fundamentales de la cultura puertorriqueña: la puertorriqueñidad, la identidad cultural de quienes viven en una de las últimas colonias del planeta sin poder alcanzar una ciudadanía plena. Y, sin embargo, el problema identitario sigue siendo el protagonista de estos relatos, solo que ahora los escritores no se preguntan qué es ser puertorriqueño sino más bien qué identidad proporcionan o no proporcionan las grandes urbes, las tecnologías, los medios informativos y publicitarios, el show business, etc. La inmensa mayoría de estos relatos narran un momento de crisis personal, un momento clave en el que el personaje se enfrenta a la sinrazón de su construcción individual, con dos características básicas: por un lado, hay una acusada conciencia de que la subjetividad individual es una construcción social, y, en este sentido, ninguno de los relatos es un relato social, pero, al mismo tiempo, todos lo son desde el momento en que las narraciones se preguntan qué hay, si algo hay bajo la construcción social de la individualidad que nos da el “ser” al tiempo que nos hace sufrir (todos somos ya no hombres frente al sistema, sino hombres-sistema); por otro lado, varios autores tratan de mostrar momentos en que la gran nada, el vacío no simbolizable que escapa a los social (residuo o exceso: excremento en todo caso), desborda las ataduras de la realidad y se muestra en todo su horror.

Así, me parece a mí que la puertorriqueñidad que, probablemente de manera inconsciente, trataron de expulsar por la puerta estos autores, se les ha colado por la ventana, pues solo quien ha sido construido por una cultura acosada, cercenada y ocultada, pero siempre pujante y orgullosa, pueden mostrar tan vivamente los conflictos que crea la ocultación, el acoso y el cercenamiento.

Y de aquí, tal vez, deriva la “universalidad” de este libro, porque ahora que el mundo entero se encuentra en un proceso global de colonización por parte de los poderes financieros –y empezando por la primera y más importante de ellas, la colonización de las conciencias–, ¿quiénes mejor que los que llevan siglos resistiendo –por medio de la oposición pero también de la asimilación– sucesivas oleadas colonizadoras para enseñarnos cómo hacer que la propia subjetividad, y, más aún, la propia dignidad, sobreviva a ella?

Autores y relatos:
Ángel Darío Carrero: “Tránsito de M.”; Moisés Agosto-Rosario: “Rompecabezas”; Yolanda Arroyo Pizarro: “Farenheit”; Mario Santana-Ortiz: “Los mausoleos”; José Liboy Erba: “El tocadiscos de aguja”; Pedro Cabiya: “El hábito hace al monje”; Mayra Santos-Febres: “Goodbye, Miss Mundo, Farewell”; Juan Carlos Quiñones: “La oreja de Van Gogh”; Rafael Franco Steeves: “El mundo está en llamas”; Janette Becerra: “Milagro en Guanabacoa”; Francisco Font Acevedo: “Guantes de látex”; Ana María Fúster Lavín: “Botellas azules”; Tere Dávila: “Melaza movediza”; Juan López Bauzá: “La sustituta”; Luis Negrón: “Mundo cruel”; Cezanne Cardona Morales: “El cuadrangular infame”; Ernesto Quiñónez: “The First Book of the Sinner”; Charlie Vázquez: “The Mystery in the Painting”; Damarys Reyes Vicente: “Ayín”; Vanessa Vilches Norat: “Fe de ratas”; Sofía Irene Cardona: “La amante de Borges”; Mara Negrón: “Carta al padre”; Edgardo Nieves-Mieles: “Y la rosa, girando aún sobre el engranaje sangriento de su espinoso talle”, Willie Perdomo: “Another Kind of Open”. 

En el ojo del huracán. Nueva antología de narradores puertorriqueños, al cuidado de Mayra Santos-Febres y Ángel Darío Carrero, s/l, La otra orilla, 2011, 231 páginas, ISBN 978-1-935164-99-9.

martes, 13 de noviembre de 2012

Helenio Herrera, Suspense



Helenio Herrera firmó dos libros: Yo. Memorias de Helenio Herrera (de 1962) y Suspense (de 1965). Javier Cercas dice que los dos los escribió realmente Gonzalo Suárez y también dice que Vila-Matas confesó en cierta ocasión que si no hubiera leído esos dos libros rarísimos nunca habría sido escritor.

Ambos libros son espléndidos. Suspense es tan raro que no he encontrado en Internet la imagen de su cubierta. Yo quería escanear mi ejemplar, pero no lo encuentro en casa. Son 5 relatos de, como anuncia el título, suspense, o de intriga, un poco a la manera de William Irish. Quizá no tan buenos como los de William Irish (aunque eso les ocurre a casi todos los relatos de intriga que no son de William Irish). Helenio Herrera era muy lector de novela negra, como veremos más adelante. Todas las noches leía una. Los cinco relatos son enrevesados y con tramas originales. Puede servir de modelo el titulado “La maleta”: un tipo mata a su amante, la descuartiza y la mete en una maleta que se lleva a Venecia y que tira en la laguna. Hasta aquí es más o menos convencional. Pero entonces aparece un policía que no sabe absolutamente nada, y que, mediante un brillante engaño, consigue sacarle al hombre, a partir de cierta observación, la confesión de todo lo que ha hecho. Son los típicos cuentos que una vez empezados no se pueden dejar a medias.

El último capítulo del libro es el relato de los éxitos de Helenio Herrera con el Inter, un relato que supera el que aparece en sus memorias cuando cuenta esa misma época. Más detallado, más matizado, más brillante, más monumento de sí mismo. Esto nos da pie para hablar de su otro libro.

viernes, 31 de agosto de 2012

Otra vez domingo de Francisco García Pavón


Creo que García Pavón no está suficientemente reivindicado. A su Plinio muchos lo juzgan por una fallida serie de televisión. Y sus cuentos son muy pocos quienes los valoran. Muchos afirman que el gran cuentista español del siglo XX es Aldecoa, que realmente es un gran cuentista. Pero la serie de García Pavón formada por los cuatro libros de cuentos Cuentos de mamá, Cuentos republicanos, Los liberales y Los nacionales, está, como mínimo, a la misma altura del mejor Aldecoa. Y toda la serie de Plinio es extraordinaria, soberbia. No entiendo por qué no se le tiene más en cuenta.

Esta novela es magnífica, como era de esperar. Un médico de Tomelloso desaparece. A Plinio sus superiores le prohíben investigar. Por otra parte su hija se va a casar. El médico es un hombre discreto. Plinio, a pesar de la prohibición, va haciendo indagaciones. Se pregunta a los últimos que lo vieron. Se pide por varios pueblos, mediante un coche con altavoz (¿puede haber algo más español?) que quienes lo vieran después de tal fecha y hora, lo digan. Se descubre que tenía una novia en el pueblo. [Atención: voy a contar, a grandes rasgos, la novela, final incluido. Quien no quiera saberlo, porque vaya a leer la novela, que se salte lo que va entre corchetes. Después de unos días, el cuerpo aparece en una bodega. Al final se sabe que fue una especie de retrasado-anormal, enamorado de lo novia del médico, quien le abrió una trampilla para que cayera al pasar de noche (tras romper la bombilla de la farola que iluminaba la acera en ese punto).]

De las historias que yo he leído de la serie de Plinio, es la que tiene el estilo más literario, o más poético, no sé cómo decir. Combina léxico de la zona con creaciones verbales personales sobre una base rural, o tradicional (un poco como hacía Cunqueiro). Lo envuelve todo en una atmósfera humorística, se ve que el narrador está disfrutando con lo que cuenta, flota todo el tiempo una gracia permanente. Pero no hay exageraciones, nada es increíble. Al contrario, lo mejor de García Pavón es esa realidad de sus personajes y sus motivaciones, que son tan españolas, y tan humanas, tan auténticas.

Addenda. “El caso mudo” es un cuento que publicó dos años después de esta novela. Aquí el estilo no es tan juguetón, tan cantarín. Es más pragmático. Más interesado en los hechos escuetos. Una familia desaparece sin dejar rastro. Al final vuelve a aparecer sin dar explicaciones. Todo es buenísimo. La naturalidad con que todo vuelve a su sitio, la curiosidad de Plinio y la firmeza del padre de la familia para no explicarle nada. Magnífico. Aquí la hija de Plinio ya está embarazada. Lo leo en el ejemplar de la RAE, que contiene una tarjeta de visita de García Pavón (vivía en Augusto Figueroa, 47, 3º) dirigida a Dámaso Alonso –el ejemplar fue de este, como se ve en la dedicatoria- en la que dice: “Dámaso: Ahí va esta antología de cuentos policiacos. Solo el último es nuevo. Procuro conseguir en él mucho suspense, pero que no ocurra nada, nada...” Exacto. Suspense para que al final no haya ocurrido nada. Lo de García Pavón, más que realismo es realidad.

Francisco García Pavón Otra vez domingo (Rey Lear, 2008; la ed. original es de 1978)


viernes, 10 de agosto de 2012

Ser weltiano


Hace tiempo, alguien de cuyo gusto literario me fío me dijo que había decidido convertirme en “weltiano” y me dio a leer un relato de la escritora Eudora Welty que se llama La india niña tullida. Un negro enano y con los pies deformados es secuestrado por una compañía de circo que decide incorporarlo a su espectáculo circense. Vestido como una india, le obligan a engullir pollos vivos ante el espanto y admiración morbosa del público asistente. Esto sucede una y otra vez, por diferentes pueblos y estados, hasta que un buen samaritano que casualmente asiste al circo es sensible al sufrimiento del negro, denuncia el hecho al sheriff local y consigue su liberación. Años más tarde, un chico que también formaba parte de la compañía vendiendo las entradas y que asistía a diario y con horror al humillante y depravante espectáculo, decide buscar al negro y a su manera redimir su culpa. Toda la puesta en escena, el negro deforme que es quien al final cuenta a sus hijos lo que ha ocurrido, Steve, el chico con sentimiento de culpa, Max, comerciante que le lleva hasta la casa del negro, el comportamiento de éste ante la visita y lo que Steve va contando…, todo es mágico, lleno de novedad y de veracidad.

Y sí, desde aquel día me dediqué a buscar y leer todo lo que había escrito esta mujer, nacida en el sur de los Estados Unidos en 1902 y contemporánea de las también sureñas Carson McCullers y Katherine Anne Porter. (Nunca puedo sustraerme a la pregunta de cuánto debe a la condición de mujer la escasa consideración de estas escritoras en comparación, por ejemplo, con Steinbeck y Faulkner.) Entre sus escritos destaco la novela La hija del optimista (premio Pulitzer) y todos sus relatos cortos, cuya colección completa en español ha sido publicada por la editorial Lumen.

Precisamente otro de los relatos del conjunto Curtain of green (y del que forma parte el señalado al principio) y cuyo título es Remembranza, me parece que sintetiza la poética de esta escritora, en palabras de la propia narradora del cuento:
Mis padres, que creían que yo no veía nada del mundo que no estuviera adecuadamente instalado en su lugar correspondiente como una parra en el enrejado de nuestro jardín, se habrían preocupado muchísimo si hubieran sospechado la frecuencia con la que lo débil y lo inferior y lo retorcido y lo extraño se convertía en ejemplo de lo que el mundo me ofrecía y presentaba.
Y si, como pretendía aquel amigo que citaba al inicio, ser admirador y formar parte de los pocos pero fieles seguidores de esta estupenda narradora norteamericana es ser weltiano, sin duda me declaro converso.

miércoles, 20 de junio de 2012

Las pequeñas virtudes, de Natalia Ginzburg


Las pequeñas virtudes, (Ed. Alianza Editorial, 1996) es un conjunto de narraciones autobiográficas de la escritora italiana Natalia Ginzburg, escritas entre las décadas de los  40 y de los 60 del pasado siglo.

Natalia Levi, que pasó la mayor parte de su vida en Turín, donde tuvo amistad con Cesare Pavese, se casó con Leone Ginzburg, cofundador de Einaudi y perseguido y torturado hasta la muerte por sus actividades antifascitas, y en segundas nupcias con el profesor universitario Gabriele Baldini, con quien, siendo éste nombrado director del Instituto de Cultura italiano, se trasladó a Londres. 

Resultado de sus vivencias de estos años son Las pequeñas virtudes. En los relatos de este libro pueden rastrearse los momentos más difíciles y al mismo tiempo más felices de la vida de la autora (Invierno en Abruzzos), cuando su marido fue deportado por sus actividades políticas y vivieron en un pueblecito de los Abbruzos; la amistad con Cesare Pavese (Retrato de un amigo), de quien, sin nombrarlo expresamente, nos cuenta cosas de su contradictoria existencia  y de su suicidio en el hostal que regentaba su hermana; sus inteligentes e irónicas reflexiones sobre Inglaterra y los ingleses (Alabanza y menosprecio de Inglaterra y La Maison Volpé) producto de su estancia en aquella ciudad y país; la humorada contraposición de caracteres, gustos y costumbres entre su segundo marido y ella misma (Él y yo); la profunda huella dejada en su generación por la segunda guerra mundial (El hijo del hombre); la larga cadena de relaciones con el prójimo que empieza en la infancia, sigue con la adolescencia y acaba en la madurez y el reconocimiento en nosotros de los mismos adultos que habíamos visto en nuestros padres (Relaciones humanas); su deseo de una atmósfera para la enseñanza de los hijos basada en la primacía de las grandes sobre las pequeñas virtudes que suelen primar en la educación (Las pequeñas virtudes); hasta la aguda y honesta reflexión sobre su  vocación  de escritora (Mi oficio).

Un  libro cálido, humano y serio. Porque la prosa de Natalia Ginzburg destila dolor y humor al mismo tiempo –(“…así debía ser siempre la gente en los libros, cómica y miserable a la vez”)-, nostalgia, ternura, pero sobre todo honestidad y verdad, aspectos estos que distingue al genuino escritor y que certifica que éste nunca queda indemne después de haber escrito.

Ella era muy consciente de esto, cuando en el relato Mi oificio nos dice:
Y he descubierto que uno se cansa cuando escribe  en serio. Es mala señal si uno no se cansa. Uno no puede esperar escribir algo en serio así, a la ligera, como con una mano solo, alegremente, sin molestarse apenas. No se puede salir del paso como si tal cosa. Uno, cuando escribe algo serio, se mete dentro de ello, se hunde en ello hasta los ojos; y si tiene sentimientos muy fuertes que inquietan su corazón, si es muy feliz o muy infeliz por alguna razón, digamos terrestre, que no tenga nada que ver con lo que está escribiendo, entonces, si lo que escribe vale y es digno de vivir, cualquier otro sentimiento se adormece en él. No puede esperar conservar intacta y fresca su cara felicidad, o su cara infelicidad; todo se aleja y se desvanece, y se queda sólo con su página, ninguna felicidad y ninguna infelicidad puede subsistir en él que no esté estrictamente ligada con esta página suya: no posee otra cosa y no pertenece a nada más, y si no le sucede así, entonces es señal de que su página no vale nada.

Sí, precisamente por eso, Las pequeñas virtudes de Natalia Ginzburg es un libro de gran valor.

lunes, 11 de junio de 2012

Las doradas manzanas del sol de Ray Bradbury


La semana pasada, en su casa de Los Ángeles y con 91 años de edad, murió Ray Bradbury, escritor de referencia para todos aquellos que nos gusta la literatura y en particular la ciencia ficción. Una buena parte de mi generación fue marcada por sus dos más importantes libros: Crónicas marcianas y Fahrenheit 451. Y sin embargo, antes de estas dos obras de referencia, yo le conocí a través de otro pequeño relato que aparecía en un número de una de esas revistas publicadas en los años sesenta y que mi padre coleccionaba. ¿Tal vez Selecciones Reader´s? No puedo asegurarlo, pero sí que aquel relato, que se titulaba Las manzanas doradas del sol, me impresionó. Como volvió a impresionarme cuando lo leí otra vez mucho más tarde, en una edición que recogía el conjunto de cuentos bajo ese mismo nombre y que publicaba la Editorial Minotauro.

El relato Las doradas manzanas del sol nos narra la expedición de un grupo de humanos que a bordo de la nave interplanetaria Prometeo tiene como objetivo arrancar del Sol un pequeño trozo de su superficie y traerlo a la Tierra. De la misma manera que hacía un millón de años –en palabras de la propia narración– un hombre desnudo en una senda norteña vio un rayo que hería un árbol y recogió una rama ardiente que dio a su gente el verano, ahora el grupo de expedicionarios siderales quería obtener aquel otro fuego que llevaba en su seno el secreto de su energía inacabable, los frutos dorados de aquel árbol en llamas.

En el momento más arriesgado de la misión, sobrecogía la descripción de cómo el capitán de la nave, con una leve torsión de su mano enfundada en un guante robot, movía allá una enorme mano con gigantescos dedos metálicos que arañaban la candente superficie y obtenía en su vasta copa de oro un trozo de la carne del Sol, la sangre del universo, la enceguecedora filosofía que había amamantado a una galaxia. Y cómo, con aquella prodigiosa carga, el pulso de la nave se aceleraba, el corazón batía con violencia, hasta que por fin se apaciguaba y los expedicionarios podían regresar.

Y de igual forma que al final de la narración la nave Ícaro (que así también se llamaba) se hundía rápidamente en la fría oscuridad alejándose de la luz, así Ray Bradbury ha emprendido su último viaje.
Además de su recuerdo, para calentarnos nos deja relatos tan emocionantes como estas doradas manzanas del sol. 

miércoles, 16 de mayo de 2012

Cuentos completos de Juan Benet


De las Islas, aquel “hombre valiente”
reclama variedad en los autores,
que esfuerzo y difusión sean valores
que inunden nuestro blog, que es muy urgente.

Es preciso que el tema sea candente,
que mezcle erudición y los primores
de una coña valiente y sin pudores
que nos haga pensar y nos oriente.

Los temas que nos lleven al debate,
reseñados con gracia son mejor,
siempre y cuando no caigan en dislate;

y si así lo quisiera el escritor,
bienvenida la bufa que constate
que reírse no es, hoy, un deshonor.
               
                     ***

Lo contado en el blog de La Discreta
sobre un libro muy bueno o muy curioso,
si dicho en broma, suena hasta amistoso;
no en vano difundirlo es nuestra meta.

No es preciso ser ogro, no, ni asceta,
ni florido en exceso, ni ampuloso,
para lograr que esté el lector ansioso
de que no sea tan solo una etiqueta

el libro que en el blog se le aconseja.
Que sea algo más: alhaja entre las manos,
arte en papel que, desde allí, refleja

ideas nuevas y aún sueños arcanos
que se le ofrecen hoy como en bandeja
a los niños, adultos y ancianos.

                       ***

Colaboración pedida,
de buena gana se ofrece
pues la regaló un druida,
borracho, un martes y trece.

Uno no sabe de esto,
pero si un sabio aconseja
se calla y mete en el cesto
lo que el consejo refleja:

Pues son los «Cuentos completos»
por Benet ha tiempo escritos
lo que el druida, entre abetos,
enajenado en sus ritos,

y más ebrio que borracho,
me dijo que hay que leer
hasta coger un empacho:
y más que leer, sorber.

Pues dijo el autor que son:
«conjunto de relatos muy diversos,
salpicados de grandes emociones,
que de manera refleja resucitan
diferentes estados del espíritu».

                       ***

Así, pues, ya lo sabeis;
si leídos, que insistais,
Y, si no los conoceis,
ya me diréis qué esperais.

Y si sólo sois lectores
pues bien que disfrutareis
Pero si sois escritores,
os lo juro, aprendereis.



El Brigadier García