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viernes, 3 de mayo de 2013

Argentino, de María Paz Ruiz Gil


Recordad que podéis mandarnos vuestros relatos a naufragosagrafos@gmail.com.

ARGENTINO

Abrió la boca por primera vez, una rabiosa boca gigante que tronó como el eco primigenio de la humanidad. Le dijeron que era varón, argentino, y que su ictericia se desvanecería bajo un chorro de sol. De adolescente recorrió manglares infestados de lagartos y trochas casi líquidas, y se convirtió en el primer traductor del balinés al kurdo. Harto de pensar en dos idiomas diminutos, se hizo catador de nieve, pero después de haber conseguido ver y saborear los cuarenta tonos que tiene el blanco, pegó un grito y se transformó en imitador de insignes muchachas pelirrojas que no fueran irlandesas. Consiguió tener una piel tan curtida como un pollo asado y así reírse de la ictericia, cambió su sexo por uno que pudo comprar, más aplastado y misterioso; pero jamás pudo dejar de ser argentino.



María Paz Ruiz Gil
Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y desde entonces se dedica a la literatura y al radio arte.
Sus microrrelatos aparecen publicados en diferentes revistas, antologías y periódicos de España, Colombia, Estados Unidos y México y Alemania. Desde el año 2009 escribe un blog dedicado a la ficción  llamado “Diario de una cronopia”, que hoy es una bitácora de referencia en el género hiper breve. Su primer libro publicado fue “Micronopia”, edición cartonera que se agotó en España y que se publicará en México y Chile.
En 2011 resultó ganadora del X Premio Internacional de Relato Corto Encarna León, uno de los más prestigiosos en lengua castellana.
Su novela “Soledad, una colombiana en Madrid”, ha sido publicada por Ediciones B en Colombia y presentada en la FILBO de 2012.
Su relato “Los amantes de la vagina magistral”, se publica en España noviembre de 2012.
“Pop Porn”, su libro de relatos eróticos se publica en diciembre de 2012 en Bogotá, gracias al Museo de Arte Erótico de América (MaReA), y en 2013 en México con Ediciones del lirio y Editorial Cariátide.




viernes, 16 de noviembre de 2012

Memorias de Helenio Herrera


En estas memorias, en las que cuenta una vida íntegramente dedicada al fútbol, Helenio Herrera hace un recorrido por los equipos en los que jugó y sobre todo por los equipos a los que entrenó, y con los que alcanzó unos éxitos que nadie antes había alcanzado. Expone su filosofía futbolística, que recuerda la de algunos entrenadores de ahora mismo (fútbol moderno, cada partido requiere su estrategia, el entrenador debe atraer la atención de los medios para liberar de tensión a los jugadores, etc.). Y sobre todo, cuenta anécdotas. Una sucesión inacabable de magníficas anécdotas. Una vez un jugador fue a decirle que tenía 38 de fiebre y no podía jugar, y él le contestó: “¿Treinta y ocho? Los deportistas hacen sus mejores marcas con fiebre. Ya verás qué partido te sale”. Otra vez otro jugador le pidió permiso para retirarse porque se encontraba mal y él le dijo: “Si estuvieses mal no jugarías tan bien como estás jugando”. Y cada diez minutos el jugador le pedía permiso para retirarse y él le convencía con algún nuevo argumento, y al final el jugador jugó el partido entero. En un vuelo en el que todos iban muertos de miedo, pensando que se iban a estrellar, por las horribles turbulencias que sacudían el avión, de pronto gritó: “Mañana, entrenamiento a las once”, y todos se relajaron.

Helenio Herrera era hijo de andaluces emigrados a Argentina. Cuando tenía tres años sus padres se trasladaron a Casablanca, donde vivió hasta que se hizo jugador profesional. De aquella época solo voy a rescatar este precioso episodio. Tenía un amigo con el que siempre estaba jugando al fútbol. Pero a veces se enfadaban y no se hablaban. Entonces el amigo iba cerca de su casa y botaba la pelota para que lo oyera Helenio. Helenio lo oía y salía. No se miraban, no se hablaban. El amigo le daba una patada a la pelota como por casualidad y la pelota iba hacia Helenio, y este hacía lo mismo, y así se iban al campo y se tiraban la tarde jugando, pasándose el balón como por casualidad sin hablarse y sin mirarse. Y así volvían a casa cuando oscurecía.

lunes, 2 de abril de 2012

El ojo de la patria de Osvaldo Soriano


Se trata de un libro de segunda mano, escogido de entre los que pueblan una estantería con otros de estas características en la librería HG de Collado Mediano, en plena sierra madrileña, que lleva con un entusiasmo a prueba de bombas este librero náufrago y amigo que es Herminio Gas. Y cuando lo abres se nota de inmediato un penetrante olor a sustancia medicamentosa con reminiscencias a El nombre de la rosa que te hace pegar un brinco de sobresalto. Según María Jesús es olor a desinfectante, pero yo estoy persuadido de que es veneno, puro veneno literario. De otra manera no puede entenderse esa atracción casi hipnótica y alucinatoria que te hechiza desde el mismo título –El ojo de la patria– y casi no te deja respirar ni casi levantar la vista del papel hasta el final de la lectura.

Después de la dictadura argentina, Carré, hombre que había tenido que ganarse la vida de maneras poco claras, es reclutado como agente confidencial a las órdenes de El Pampero. Ya enviado a Europa, pasa años en París, luchando por abortar las conspiraciones comunistas contra la patria. Y allí frecuenta El Refugio, un bar, “el único sitio neutral de la ciudad donde se reunían los agentes de todas las potencias para cambiar chismes y jugar al ajedrez. Nunca nadie había utilizado un arma en ese lugar. Era un pacto tácito que sobrevivió a todas las guerras y a los cambios de fronteras durante siglos. Por eso Vladimir el Triste se quedó a vivir para siempre en la mesa del fondo”.

Entonces Carré se ve envuelto en la misión de su vida. Obligado a cambiar radicalmente de identidad, tiene que llevar a su país a un antiguo prócer argentino, devuelto a una vida vegetativa gracias a la biología moderna y las artes de un científico soñador. (El resucitado va a pilas, insulta con profusión y rememora con nostalgia hechos de épocas gloriosas.) Y en ese viaje enloquecido, sorteando trampas innumerables, espías y contraespías que a veces se disfrazan de fundación de escritores comprometidos a no publicar nunca, acompañamos a Carré y a su prócer protegido: a veces, a carcajada limpia; otras, con la sonrisa cómplice de quien está de su parte; y siempre con la conmiseración de los derrotados de este mundo falaz y despiadado contra el que el humor y la parodia inteligente siguen demostrándose armas muy eficaces.

El libro que yo poseo está editado por Editorial Sudamericana en 1992 y no sé si existe otra edición posterior.