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viernes, 14 de diciembre de 2012

Off the road, entrevista a Carolyn Cassady




“Off de Road”


por Matias Crowder


“Tengo telephobia, y no me gustan las llamadas telefónicas. Estos correos electrónicos son un registro permanente. Me olvido de lo que he dicho por teléfono, así que por favor acepte este método de comunicación y prescinda de ellos” así comenzaba una entrevista con la viuda de Neal Cassady, el mítico epicentro de la generación Beat, el “Dean Moriarty” compañero de ruta de Jack Kerouac en “On the Road”. Había conseguido el contacto luego de decenas de llamadas telefónicas a sus editores y amigos.  Neal Cassady y Jack Kerouac habían sido mis héroes de la adolescencia,  cunado había leído más de diez veces “On the Road” y me había lanzado a la ruta, la que unía Argentina, Brasil y Venazuela, en busca de vivir las mismas aventuras.

La entrevista, en inglés, fue más que breve. Se trataba de una anciana de más de ochenta años que vivía en un perdido pueblo de Gran Bretaña, sin teléfono, conectada 24 horas a internet. Me dijo que todo lo que podía decir de Neal Cassady, Jakc Kerouac y los demás escritores de la generación Beat lo había dicho en su libro, “Off de Road”, (Editorial Primavera Negra, 1990). Quería más. Sentía que, de alguna manera, como muchos lectores deben sentir de los escritores de sus libros favoritos, me lo debía. Ella, Carolyn Cassady, había estado presente en la construcción de aquellos mismos y míticos libros, había sido uno de sus personajes. Y ahora yo, treinta años después de leer “On the Road” por primera vez, podía hablar con ella.

Usted ha vivido desde su interior la vida de toda una generación de escritores. ¿Toda la historia que se cuenta, le parece tan distorsionada? ¿Escribe “Off de Road” por ello?

Nunca fui consciente de que era una "generación". Yo sólo conocía bien tres de los protagonistas. Kerouac, Ginsberg y Cassady. El resto no eran más que amigos o conocidos que más tarde publicaron libros. La "generación Beat" fue un disparate fue inventado por los medios de comunicación y alentada por Ginsberg.


¿Qué escritor ha acertado más sobre la verdadera identidad de Neal Cassady?

 Yo prefiero mi versión de Neal. Lo escribí para tratar de establecer su historial directamente. Jack y los demás sólo escribieron algunos aspectos o rasgos. El mío es un retrato mucho más completo y bien redondeado.


¿Como definiría usted a Allen Ginsberg?

Allen era un judío típico: por muy generoso y amable que fue, su ego se convirtió en algo  exagerado y se sobrepuso a estas características de una manera negativa.


¿No cree que es contradictorio que aquella “celebración de la vida” de la que hablan los libros de esa época, sus efectos sobre sus autores y personajes, llevan de alguna manera a Jack Kerouac y a Neal Cassady a una muerte prematura?

A ambos hombres le había lavado el cerebro el catolicismo desde la infancia, por lo que nunca ambos se recuperaron de sus sentimientos de culpa e inutilidad. Kerouac era tan sensible y paranoico, que fue devastado por como lo entendieron muchos jóvenes de aquel tiempo cuando él estaba tan mal. Él nunca abogó por el egoísmo que hizo que muchos hijos dejarann el hogar y la escuela, pensando que Jack les hacía "libres". Jack no tenía responsabilidades, por lo que era libre de seguir sus deseos. Nunca abandonado a su madre completamente ni su hermana ni a las mujeres que amaba.

Usted dijo que durante mucho tiempo no entendió lo que Neal Cassady estaba tratando de decir, pero que al final lo entendió. Qué, según usted, estaba tratando de decir?

Neal Cassay trataba de expresar el amor de la vida en todos sus aspectos.


¿Qué le ha parecido que un libro tan emblemático como On the Road” se llevara al cine?

Hemos llegado a ser buenos amigos con Walter Salles, el director de "On the road". Él me visita cada vez que viene a su estudio de París. Él vino hace años para consultar acerca de los actores, pero, por desgracia, no encontré a nadie que se nos parecía, así que tuve que dejar a su elección. Yo estaba intrigada por el resultado, pero, por la cantidad de investigación que tenían los actores y el director, su compromiso, creí que nadie podría hacer un trabajo mejor que ellos. No puedo ir (y no quiero) a salas de cine, pero Walter me ha traído la película en un DVD y todas sus películas anteriores.

Agradecí el tiempo de la señora Cassady y, traduciendo las preguntas al castellano en el ordenador, me quedé pensando en los lazos que unen a los supervivientes con los que ya se han ido.

viernes, 10 de agosto de 2012

Ser weltiano


Hace tiempo, alguien de cuyo gusto literario me fío me dijo que había decidido convertirme en “weltiano” y me dio a leer un relato de la escritora Eudora Welty que se llama La india niña tullida. Un negro enano y con los pies deformados es secuestrado por una compañía de circo que decide incorporarlo a su espectáculo circense. Vestido como una india, le obligan a engullir pollos vivos ante el espanto y admiración morbosa del público asistente. Esto sucede una y otra vez, por diferentes pueblos y estados, hasta que un buen samaritano que casualmente asiste al circo es sensible al sufrimiento del negro, denuncia el hecho al sheriff local y consigue su liberación. Años más tarde, un chico que también formaba parte de la compañía vendiendo las entradas y que asistía a diario y con horror al humillante y depravante espectáculo, decide buscar al negro y a su manera redimir su culpa. Toda la puesta en escena, el negro deforme que es quien al final cuenta a sus hijos lo que ha ocurrido, Steve, el chico con sentimiento de culpa, Max, comerciante que le lleva hasta la casa del negro, el comportamiento de éste ante la visita y lo que Steve va contando…, todo es mágico, lleno de novedad y de veracidad.

Y sí, desde aquel día me dediqué a buscar y leer todo lo que había escrito esta mujer, nacida en el sur de los Estados Unidos en 1902 y contemporánea de las también sureñas Carson McCullers y Katherine Anne Porter. (Nunca puedo sustraerme a la pregunta de cuánto debe a la condición de mujer la escasa consideración de estas escritoras en comparación, por ejemplo, con Steinbeck y Faulkner.) Entre sus escritos destaco la novela La hija del optimista (premio Pulitzer) y todos sus relatos cortos, cuya colección completa en español ha sido publicada por la editorial Lumen.

Precisamente otro de los relatos del conjunto Curtain of green (y del que forma parte el señalado al principio) y cuyo título es Remembranza, me parece que sintetiza la poética de esta escritora, en palabras de la propia narradora del cuento:
Mis padres, que creían que yo no veía nada del mundo que no estuviera adecuadamente instalado en su lugar correspondiente como una parra en el enrejado de nuestro jardín, se habrían preocupado muchísimo si hubieran sospechado la frecuencia con la que lo débil y lo inferior y lo retorcido y lo extraño se convertía en ejemplo de lo que el mundo me ofrecía y presentaba.
Y si, como pretendía aquel amigo que citaba al inicio, ser admirador y formar parte de los pocos pero fieles seguidores de esta estupenda narradora norteamericana es ser weltiano, sin duda me declaro converso.