James Stephens (1882-1950) es otro de los escritores irlandeses poco conocido pero de enorme talento. Contemporáneo de Flann O´Brien y de James Joyce, comparte con el primero el humor, la fantasía y el deseo de recuperar los principales mitos y fábulas de la tradición irlandesa; al segundo profesó verdadera devoción, simpatía que –salvo algunos desencuentros– parece fue mutua y que llevó al autor de Finnegans Wake a declarar que en el caso de que la muerte le impidiera acabar la obra, la única persona que podría hacerlo sería James Stephens.
Sus obras más conocidas en nuestro país son La olla de oro (Ed. Siruela, 1993) y La mujer de la limpieza (Ed. El Viento, 2012); pero tiene otras estupendas obras aún no traducidas (que yo sepa) y entre las que destaco: Irish fairy tales, un delicioso conjunto de relatos de hadas, y Here are ladies, otro libro de relatos que tiene como motivo principal el conflicto entre los sexos.
Para dar una idea de la ironía, sagacidad y buen arte de este escritor, comento brevemente un relato de este último libro en que se trata de los mundos tan diferentes del hombre y la mujer, confrontados en la institución del matrimonio.
El protagonista es un hombre tranquilo, esencialmente silencioso y a quien la proximidad del matrimonio le hace afrontar algo que antes no se había planteado: la conversación con una mujer toda la vida.
Al tiempo que se acercaba el día de la boda le crecía el miedo a la prolongada conversación que se extendería desde ese día, hasta su muerte, y, cada vez más, le creció la duda de poder lidiar o ser capaz de resistir a ese extraordinario debate que se llamaba matrimonio.
Con hombres, decía, uno puede hablar o estar en silencio, según se prefiera, pues entre ellos hay un común entendimiento que convierte el silencio en un interludio fructífero durante el cual un pensamiento puede mantenerse al abrigo, cálido: ¡pero con una mujer!
