lunes, 1 de junio de 2015

Sobre "Historia secreta del mundo"

(El pasado día 26 de mayo, en la Función Lenguaje, de Madrid, se presentó Historia secreta del mundo, con la participación del académico y escritor José María Merino, del también escritor David Torrejón y del autor, Emilio Gavilanes. Este último dijo algunas palabras a propósito de su obra, que, por su interés, reproducimos aquí íntegramente.)

Lo primero que tuve de este libro fue el título. El título casi me dio todo el libro, un libro en el que poder meter el mundo entero. ¿Y a qué alude el título? ¿En qué sentido el libro es una historia secreta del mundo? No, desde luego, en un sentido esotérico. No hay órdenes secretas, no hay templarios, no hay sociedades que se transmiten conocimientos que no deben darse a conocer a los profanos. Es una historia secreta porque muchos episodios son desconocidos, momentos no estelares de la humanidad (para decirlo a la manera de Stefan Zweig), y los que se refieren a episodios o personajes conocidos, están presentados con la vista fuera de la escena principal. Mirando no al centro, sino a los alrededores, a los aledaños de la Historia, en busca de episodios y detalles laterales, secundarios, marginales, pero que quizá sean tan significativos como los más estelares. También hay personajes humildes y anónimos, y personajes históricos conocidos, a los que vemos en momentos que no son los culminantes de sus vidas, o los más conocidos, pero que quizá arrojan tanta luz sobre ellos como los más conocidos.

Además de la unidad que da la sucesión cronológica, quizá haya algo más que unifica todas estas historias. Creo que tienen una atmósfera común y además la voz que cuenta las historias tiene siempre un tono muy parecido. Todos están dichos en voz baja. En un tono menor. No hay declamacion. Incluso los referidos a grandes figuras históricas. En ese sentido están cerca del haiku, que es uno de mis temas favoritos.

¿Este libro tiene antecedentes? ¿Con qué otros libros está emperentado? Podría reclamar para él unos antepasados nobles, valores indiscutibles de la mejor literatura. Podría decir que este libro desciende de las Vidas imaginarias, de Marcel Schwob, de la Historia universal de la infamia, de Borges, de algunas de las Historias de almanaque, de Bertolt Brecht, de La sinagoga de los iconoclastas, de Juan Rodolfo Wilcock, incluso de las Falsificaciones, de Marco Denevi, libros que admiro y con los que me he divertido mucho. Y no es que reniegue de ellos. Es que me parece muy pretencioso adjudicarme tan ilustres antepasados. Además es que mis textos están emparentados con una literatura más modesta, me parece a mí. Muchos son fragmentos de novelas de aventuras, de novelas de intriga, de novelas de ciencia ficción, hasta de tebeos… De géneros menores que están un poco al margen de la gran literatura. Los textos de esta Historia secreta creo que son familia de la narrativa popular, de esa literatura en la que las imágenes, los episodios, nos impresionan, o nos afectan, de una manera distinta, quizá más elemental, más primitiva, que como impresiona la gran literatura. Y sobre todo este libro está emparentado, es descendiente directo, de El río, el primer libro que me publicó La Discreta. Los dos son recorridos por la historia en busca de episodios desconocidos o de aspectos desconocidos de episodios conocidos en los que se concentre una época y nos conmuevan o nos lleven a reflexión. ¿Qué diferencias hay entre ellos? Quizá El río seas más narrativo, contenga más episodios narrativos, y esta Historia secreta sea más de atmósfera. Tal vez. No estoy seguro.

A veces me han preguntado por algunas características de este libro. Por ejemplo, ¿por qué tengo tanta tendencia a la brevedad? Naturalmente, hay algo de temperamento. Tengo una tendencia natural a la brevedad. Ya en el colegio hacía redacciones breves. Pero creo que no es solo eso. Chejov dice en una de sus últimas cartas: “Nada de lo que escribo últimamente me parece suficientemente breve”. Algo así siento yo. Esa tendencia mía creo que está en relación con la búsqueda de la unidad mínima narrativa. La búsqueda de la narración más breve que siga siendo narración y que contenga elementos significativos. Trato de conseguir los mayores efectos con las menores causas, con el menor número de palabras. El escritor de textos breves trabaja como el físico nuclear, que trata de transformar la materia en energía, una cosa en otra diferente. El escritor intenta que unas pocas palabras (no olvidemos lo que decía Stevenson: un personaje literario solo es una secuencia de palabras), el escritor intenta, repito, que unas pocas palabras se transformen en emociones humanas.

Otra pregunta: ¿Por qué escribo historias tan atroces? Pues no lo sé. Quizá como exorcismo, para que no me alcancen. Aunque quizá sea otra la razón. Chesterton dijo una vez: “Sigo prefiriendo las novelas en las que una persona mata a otra. La muerte es uno de los lazos espirituales más fuertes de la Humanidad. (…) Un relato en el que no ocurre alguna muerte es un relato sin vida.” Ahora bien, he podido observar que, aunque algunas de mis historias a menudo son duras, hasta brutales, creo que siempre hay un fondo de compasión, de piedad, en lo que se nos cuentan, o en la forma en que se nos cuenta. A lo largo de toda la variedad de argumentos, todos los relatos comparten –creo- una visión compadecida, o conmovida, del mundo.

Otra cosa, esta me la he preguntado yo a menudo: En muchas de estas historias se habla de que tal personaje ignora tal cosa. “Fulano no sabe que...” “Zutano ignora que...”, se lee con frecuencia. Durante mucho tiempo me he preguntado por qué. Por qué se dice que los personajes ignoran algo. Creo que hay dos razones: una, porque para ser plenamente, uno tiene que ignorarse a sí mismo –algo así dice García Calvo-. Y la otra es que es posible que con ese procedimiento trato de conseguir un efecto dramático mediante un mecanismo muy parecido al del suspense, que nos muestra, por ejemplo, cómo alguien coloca una bomba debajo de una mesa sin que se enteren los que están sentados a ella. Es decir, el lector o el espectador sabe cosas que el personaje ignora. Eso crea una tensión que hace que el lector o el espectador no pierda interés. Supongo que eso en mis cuentos crea ese pequeño efecto dramático que digo, aunque no sea muy visible.

Más preguntas. Hasta qué punto hace falta conocer bien a todos los personajes del libro para entender los episodios. ¿Hay que tener muchos conocimientos de historia? Yo creo que no. He intentado que sean textos autosuficientes. Me parece que la cultura o la información que hay que tener para entender plenamente estos textos no debe ser muy grande. Si no sabes que Darwin es el autor de la teoría de la evolución, puede que no entiendas el relato de la nieta de Darwin (aunque creo que aun en ese caso, no importa no saber quién fue Darwin). Hay un texto, por ejemplo, en el que aparece Ignacio de Loyola, que aún es un mero soldado. Yo no sé casi nada de Ignacio de Loyola. Me basta con saber que después fue un santo para entender lo que se quiere expresar ahí. En algunos casos, lo que hay que saber sobre el personaje se dice brevemente en el texto. Por ejemplo, no hace falta saber hasta qué punto lord Byron fue una figura conocida e influyente en toda Europa, porque se dice en el propio texto. Repito que no hace falta una gran cultura para entender estos textos. Muchas veces he dudado decidiendo dónde ambientar un episodio, en qué momento. Por ejemplo, en qué guerra. Y siempre he escogido la solución menos rebuscada.

Por qué se mezclan elementos realistas y fantásticos. Me parece que el universo es tan complejo que cuando se intenta dar cuenta de él mediante procedimientos realistas lo que se obtiene es una simplificación. El realismo está tan alejado de la realidad que se puede considerar una forma de literatura fantástica. A pesar de su apariencia (pues son bastante figurativos, por decirlo en términos pictóricos), estos textos no son realistas. Reflejan más un paisaje mental que un paisaje natural. Están más cerca del expresionismo, o del simbolismo, que del realismo.

Me parece que es importante señalar aquí que he observado que en muchos de estos cuentos, como en algunos de otros libros, se producen revelaciones. No hablo en un sentido religioso. No grandes revelaciones. Sino pequeñas, modestas revelaciones. Un personaje de pronto tiene la súbita conciencia de que la vida, el mundo, es otra cosa. La visión súbita de algo misterioso e inexplicable. Un momento en el que algo o alguien encuentra sentido. Revelaciones escondidas, un poco en la línea del propio libro, a la vista de casi nadie, que casi no lo parecen. Esas revelaciones están relacionadas con el objetivo de la literatura, que en parte es, en mi opinión, producir emociones, dramatismo, y en parte acercarse el hecho estético, aquello que Borges definía como la inminencia de una revelación que no llega a producirse (y a lo que nosotros añadiríamos: ni falta que hace, pues con eso es suficiente).

También me dicen que hay mucha reflexión en mis relatos. Aquí debo decir algo. La reflexión  por sí misma no me interesa. Soy muy poco filosófico. Intento que esa reflexion esté integrada en la narración, que no sea un pegote caido en un tejido ajeno. Es más: intento que la propia narración sea una reflexión. Muchas narraciones que conocemos son una reflexión. El patito feo, por ejemplo, es una reflexión.

No sé si todos, pero una gran mayoría de los textos están redactados en presente. También me han preguntado por esto. No responde a un plan general. Supongo que es la manera de hacer que la voz que cuenta sea contemporánea de lo que está contando. De hacer que el lector esté presente en las escenas, se sienta más cerca.

El libro al principio, o al final, cuando lo acabé, estaba más equilibrado, en el sentido de que cada época de la historia estaba representada por un número de páginas parecido. Pero cuando lo corregí en busca de la versión final, muchos textos se cayeron y dejaron un poco desequilibrado el libro. Tampoco me preocupó demasiado. Puede que hasta le favorezca. Por ejempo, hay bastantes hsitorias que se desarrollan en las guerras del siglo XX, son casi apartados autónomos. Tal vez eso se debe a que es la época que mejor conozco. Pero también puede ser porque es una época muy representativa de toda la historia humana.

¿Y por qué salen tantas guerras? La guerra, ya lo he dicho en otras ocasiones, proporciona al escritor el marco en el que ambientar historias que fuera de ella quizá no serían verosímiles ni tendrían sentido ni dramatismo. Las guerras son un territorio lejano, sin reglas, en el que hechos desmedidos pueden medir nuestras emociones. Un lugar en el que el bien y el mal extremos son posibles (desde el acto heroico al más miserable) y sobre todo literariamente verosímiles. Y en el que aún queda mucho margen para que personajes sencillos se muevan entre medias de esos dos polos. Para un escritor es, me parece a mí, el lugar ideal para desarrollar ciertos argumentos.

¿Por qué mezclo personajes reales con personajes ficticios? Creo que introduzco elementos reales para llevar a cabo mis falsificaciones con más naturalidad, para hacer más creíbles los elementos imaginarios. Pero sobre todo porque en el fondo todo lo que se cuenta en el libro es ficción. Mentira, en cierto modo. Y sin embargo, creo que está lleno de verdad. O de realidad. En literatura a la verdad se llega por la mentira. En el fondo escribir no es más que un juego, pero es un juego en el que se dicen cosas que nos importan mucho, un juego bastante serio. Escribir es una forma de reflexionar. Una de las más poderosas.

En cuanto al estilo, o mejor al lenguaje empleado, busco la naturalidad. Intento que todo parezca fácil. Aunque no lo parezca, escojo mucho las palabras. Siempre, se sepa o no lo que se va a decir, me parece a mí que se escribe a pesar de las palabras. Las palabras estorban. Aunque, paradójicamente, sea en ellas en las que descansa toda la fuerza de una historia. Quizá estorban durante el proceso. Y una vez concluido son ellas las que lo sostienen todo. Es muy misterioso.

Y me temo que ya no tengo más que explicar. No sé si la lectura del libro desmentirá todo lo que acabo de decir.


miércoles, 27 de mayo de 2015

Fernando Vallejo, escritor colombiano



Comencé a leer a Fernando Vallejo, novelista colombiano (Medellín, 1942), a través de su obra más conocida y publicitada, La virgen de los sicarios. El protagonista, descreído de su país, vuelve al mismo y se sumerge en su espiral de violencia desatada. Homosexual, conoce a un muchacho joven y sicario del que se enamora. Con este joven, miembro de una de las comunas que pueblan la ciudad de Medellín y que ha participado en multitud de asesinatos por encargo o venganza, el protagonista recorre las calles administrando, a través de este joven Ángel Exterminador, su propia “justicia” en una curva exponencial de violencia que no cesa. El objeto de “su justicia” es la corrompida sociedad colombiana en general y, en particular, la institución de la Iglesia Católica y el populacho sin dignidad y rendido a los honores del fútbol, el consumo fácil, la brutalidad y la violencia indiscriminada. En una de las muchas iglesias de Medellín hay una virgen que es la patrona de los sicarios: a ella acuden a pedir su favor, y a ella se acerca el protagonista con sus sicarios enamorados.

Después leí El fuego secreto, Entre fantasmas, La rambla paralela y quedé conmovido con El desbarrancadero, que, entre las que he leído, me parece la mejor de sus novelas. Un torrente de humor ácido, satírico y crítico, cuya fuerza seguramente procede de la propia experiencia del autor: es un relato autobiográfico. El protagonista llega a su casa, en Colombia, desde Méjico, después de algunos años de residencia en este país, al enterarse de que su hermano Darío se está muriendo de sida. En el jardín de esa casa, mientras le asiste en su enfermedad, los dos hermanos recuerdan lo que ha sido y es su familia. El tema es realmente dramático, pero la manera contarlo, ácida y humorada, hace que en muchos momentos acabes riendo a carcajadas.

Vallejo habla del “inmenso andamiaje de hipocresía y mentira sobre el que se ha construido la vida humana”, y creo que ese es el leitmotiv de su literatura: la denuncia y el desmontaje de esa engañosa estructura con la palabra. ¿Por qué? ¿Para qué? Quizás como necesidad. Da la impresión de que con esa acumulación de iconoclastia, sarcasmo y acidez, más que enterrar por añadidura, se deja al descubierto lo único que al autor le interesa y que en esta novela parecen ser las verdaderas figuras de su padre y de su hermano Darío. Y esa es la técnica que utiliza: como el que se desembaraza de todo lo inútil que rodea y esconde lo único importante, Fernando Vallejo desentierra las poquitas gemas que se ocultan entre tanta mentira e hipocresía que genera el mundo.

martes, 19 de mayo de 2015

Gavilanes returns home


Por Matías Crowder

Conocí al escritor Emilio Gavilanes en Madrid allá por el 2009. Fue en una entrega de premios literarios en el Castillo de Manzanares. Vestía como siempre le vería más tarde, camisa a cuadros, pantalones de jeans, barba de pocos días. Si bien su rasgo más característico era aquel sosiego y tranquilidad de su persona con que años más tarde lo definiría con precisión Andrés Trapiello. Entonces publicaba en La Discreta varios de sus libros.

Recuerdo que me regaló “El Río” y “Una gota de Ambar”. No había escuchado hablar de él, ni había leído ninguno de sus libros. Me llamó la atención su sencillez, su calidez al hablar, su falta de “apuro” y aquella cierta orfandad de ambición mundana tan común a los escritores.

Había algo en él. No se me escapaba. Una inteligencia diferente. Aquello que se halla en el alma de las personas y de lo que solo obtendremos en vida pequeños atisbos parecía latir con fuerza desde el fondo de su ser. No recuerdo que hiciera una sola mención sobre libro alguno, ni sobre escritores, premios, editoriales. En cambio recuerdo escucharle hablar de la comida, de la gente de Madrid, de sus hijas, para luego hacerme una y otra pregunta sobre Argentina.

Leí poco después “La Primera aventura”, y acto seguido le escribí diciéndole que tenía mucho de Henry Miller, de aquella intensidad, de aquel amor por la vida. “El Río” era historia, vida, una compilación de relatos extraordinarios. “Un gota de ámbar” la maquinaria de una bomba literaria. Le publicaría más tarde Trapiello unos haikus poderosos. Sísmicos.

Desde aquel Madrid de 2009 que le seguía. Su literatura cambiaba con los años. Se fortalecía. Mutaba en él, él mutaba con ella. Corría por un bosque de papel, libre, hambrienta siempre, precisa. Una estructura coralina que comenzaba a emerger, como un iceberg, desde las profundidades. Aún seguía preguntándome de qué se trata aquello que habitaba en él, esa fuerza que manaba de su interior,  aunque ya comenzaba a adivinar que tenía que ver con la literatura en estado puro. 

No fue sino hasta la lectura de “Breve enciclopedia de la infancia” cuando lo entendí. Detrás de aquella apariencia simple y de aquel carácter tranquilo se escondía una monstruo literario, una máquina de narrar. Aquel libro tenía los tiempos, la profundidad, la calidad, en resumen, la palabra propia de los monstruos de la literatura. Se lo dije y agradeció el comentario como si se tratase de un simple cumplido. 

     Gavilanes trabaja desde una trinchera. En la oscuridad. Oculto del enemigo, que es la vanidad y que, en todos los escritores, son a la vez ellos mismos. Enfrentándose a ellos en el papel. En la vida. Los libros, dice, deben de hacer su propio recorrido. Y allí están los suyos, pasando del boca a boca de los que le conocen y siguen y, hoy en día, esperan con ansias sus próximas publicaciones y agradecen a la Discreta el volver a publicar a su hijo pródigo, esta vez, “Historia Secreta del Mundo”.

Además de las obras citadas, Emilio Gavilanes también ha publicado la novela El bosque perdido (Seix Barral, 2001) y las colecciones de cuentos La tabla del dos (NH, 2004) y El reino de la nada (Menoscuarto, 2014).
Historia secreta del mundo, recientemente editada por Ediciones de La Discreta, será presentada en Madrid el próximo martes día 26 de mayo, a las 19:30 horas, en la Función Lenguaje (c/Doctor Fourquet, 18-20). Además del autor, participarán en la presentación: el escritor David Torrejón, representando a la editorial, y José María Merino, escritor y académico de la Real Academia Española.



lunes, 11 de mayo de 2015

Días con erre, de Ana Añón

Días con erre es un libro de relatos de la escritora Ana Añón, publicado recientemente por Ediciones de La Discreta. El libro ya ha sido presentado en Valencia y el próximo día 20 de mayo será presentado en Madrid.

(MIÉRCOLES, 20 DE MAYO, EN EL CENTRO DE ARTE MODERNO (calle Galileo, 52), a las 20,00 horas.
Intervienen: Paloma González (en representación de Ediciones de La Discreta), Emilio Gavilanes (escritor) y Ana Añón.
Durante el acto tendrá lugar la proyección del galardonado cortometraje Miniaturas, basado en uno de los relatos de Días con erre.)

Adjuntamos aquí un texto de la propia autora en la presentación del libro y un pequeño fragmento de Días con erre.


PRESENTACIÓN DE DÍAS CON ERRE, POR ANA AÑÓN
Días con erre es un libro que no nace con una intención ni una temática concreta sino que es fruto de una recopilación de algunos de los relatos que escribí durante años en los talleres de escritura. El proceso resultó para mí un aprendizaje y un descubrimiento de mis preocupaciones como son: la muerte, que está muy presente, el miedo,  la soledad, las relaciones, las imposturas sobre todo. Así como otros temas actuales críticos con la sociedad. El resultado fue una colección de dieciséis relatos de intriga y misterio donde predominan los elementos fantásticos, el humor negro y el absurdo, aunque hay unos pocos cuentos de corte más realista e incluso alguno más oscuro que puede dejar un regusto amargo.  El título del libro proviene de un refrán que se cita en uno de los cuentos que dice así “No te cortes las uñas los días con erre porque te saldrán padrastros”. Lo escogí porque creo que esta idea de mala suerte engloba la temática del conjunto de relatos. Esos padrastros aparecen en la vida de mis personajes en forma de conflictos a los que deben enfrentarse. Me pregunté por qué se me ocurrían este tipo de historias y tuve dudas a la hora de querer publicarlas pero me convencieron los comentarios de mis primeros lectores y las palabras de algunos maestros. Recuerdo con cariño a mi primer profesor de escritura, Enrique Páez, que me decía que era yo era como Bette Davis que cuando era buena era muy buena pero cuando era mala era mejor. Con estos relatos brutales, me decía, llegarás a ser una gran narradora aunque con fama de mala entre tus amigas, que no te dejarán a sus hijos, todo son ventajas.  También Chéjov nos da buenas razones para seguir escribiendo: “No cuento para hacer llorar sino para decir que se puede vivir de otra manera.” “El hombre se volverá mejor cuando le hayamos mostrado cómo es.”  


BREVE FRAGMENTO DE DÍAS CON ERRE

Me lavé las manos a conciencia, una y otra vez, y todavía queda sangre entre las uñas. Debería cortármelas pero tendré que esperar al jueves. Dicen que si te cortas las uñas los días con erre te salen padrastros. Y yo me los muerdo, los estiro, acabo arrancándolos e, inmediatamente, siento un escozor que dura todo el día. Además, ahora ya no está Elsa para darme una palmada y gritarme que no lo haga, que se me van a infectar y que me quedaré sin dedos.

Al menos el paseo me sosiega. El cauce del río ahora está lleno de parques, jardines y fuentes. Así puedo detenerme en cada una, sacar de mi bolsillo el jabón que guardo dentro del pañuelo, olerlo, y lavarme bien las manos. Siempre recorro el mismo trayecto, voy caminando desde la parada del metro de Alameda hasta la Ciudad de las Artes y de las Ciencias, pasando por arriba de los puentes, eso sí. Nunca los paso por debajo. Sé que puede suceder algo terrible. He oído decir que hay gamberros que lanzan objetos pesados desde arriba sin tomar precauciones, como si fuera un juego. Así que voy subiendo y bajando por las rampas según me acerco. El de las gárgolas es mi favorito. Allí me quedo un rato mirando esos monstruos con sus bocas abiertas, tan amenazantes.


Ana Añón (Valencia, 1965) es licenciada en Informática y ha desarrollado distintas facetas como la danza, el haiku o la narrativa. Sus textos han sido publicados en revistas y antologías colectivas. Ha sido galardonada, entre otros, con el premio del I Concurso de relatos “21 de marzo” del Ayuntamiento de Tres Cantos cuyo jurado estuvo compuesto por Luis Mateo Díez, José Mª Merino,  Milagros Frías  e Ignacio Ferrando. Es autora del libro de relatos Días con erre (Ediciones de la Discreta).
Tráiler del Cortometraje Miniaturas, de Vicente Bonet





jueves, 7 de mayo de 2015

Una entrevista a José García Caneiro

(José García Caneiro es miembro de nuestra Discreta Academia, asiduo colaborador de este blog –véanse sus estupendas colaboraciones poéticas en las “Acuarelas de Comas Quesada- y escritor. Recientemente, en el blog Gabinete de Prensa de la UNED, ha sido publicada una interesante entrevista bajo el título de "La filosofía de la narración", que se le hizo con motivo de la publicación de una de sus novelas. La reproducimos aquí.)


José García Caneiro, aviador militar y profesor del Instituto General Gutiérrez Mellado de la UNED nos presenta su obra literaria “La obra completa de Wilfredo Murientes”
Coronel del Ejército del Aire, Piloto de caza y ataque; Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación (Sección Filosofía) y Doctor en Filosofía por la Universidad Nacional de Educación a Distancia.
Entre otros destinos, ha desempeñado su labor en el Ministerio de Defensa, como Adjunto al Subdirector General de Enseñanza Militar. Ha sido Secretario General y es, en la actualidad, Profesor del Instituto Universitario «General Gutiérrez Mellado» de Investigación sobre la Paz, la Seguridad y la Defensa, de la UNED.
Profesor Invitado del Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional de Venezuela, también ha sido profesor en la Universidad Carlos III, de Madrid. Ha dirigido el Curso sobre "Educación para la Paz", de Formación del Profesorado, realizado en el Centro de Apoyo al Profesorado - Madrid Centro, en colaboración con la Comunidad de Madrid y, además, imparte cursos de doctorado en la UCM.
Es autor de La racionalidad de la guerra. Borrador para una crítica de la razón bélica, Biblioteca Nueva, Madrid, 2000; y coautor de Guerra y filosofía. Concepciones de la guerra en la historia del pensamiento, Tirant lo Blanch, Valencia, 2002. Al margen de lo académico, merece destacar el Premio Ciudad de Murcia de Novela, 1975, por Parálisis, Ed. Marte, Barcelona, 1976, y el libro de relatos titulado Una familia de cuentistas, Ed. La Discreta, Madrid, 2006.

• ¿Cómo se pasa de escribir sobre la “filosofía de la guerra” a la filosofía de la narración novelada?
R: Supongo que de la misma forma que a la inversa, es decir, de la narración a los textos filosóficos. Lo digo, porque, de hecho, escribí novela y cuentos mucho antes de atreverme a pergeñar algo sobre la “filosofía de la guerra”. Parálisis es de 1975 y La racionalidad de la guerra es del 2000. Escribir narrativa es algo que me ha gustado desde siempre. A lo mejor, porque también desde siempre me ha gustado mucho leer. He sido toda mi vida un lector compulsivo. Lo de escribir ese par de libritos sobre filosofía y guerra fue consecuencia directa, por un lado de dedicar mi tesis doctoral a Clausewitz, la guerra y la deconstrucción y, por otro, resultado de las propias clases que, sobre guerra y filosofía, se organizaron en el Instituto Gutiérrez Mellado.

• ¿Sus obras tienen tanto sentido del humor como parece a primera vista, o contienen cierto regusto amargo?
R: El sentido del humor es algo personal. Quiero decir que el concepto de humor difiere mucho de unas personas a otras. Hay para quienes el sentido del humor no es más que estar siempre listo para el chiste fácil y, para quienes, el sentido del humor no es más que una ironía y un sarcasmo de lo más ácido. Bien, yo creo que, en mi caso, el sentido del humor va aderezado con un tanto de ironía, como dice usted, de regusto amargo y de una cierta percepción de lo absurdo que destilan las mayorías de las situaciones en la vida.

• Ud. entrelaza vivencias, nombres y situaciones reales que traslada con gran maestría a sus obras, cuentos o novelas. ¿Imagina la realidad, o vive la imaginación?
R: Las dos cosas. O, al menos, procuro hacerlo. La realidad, como absoluto, no existe. Nosotros percibimos una cierta realidad (o la percibimos desde una cierta perspectiva) que no se corresponde con la auténtica realidad, que es inalcanzable. Si nos trasladamos al plano de la novela, la realidad no existe ni en la novela histórica, porque en ese caso sería historia y no novela. Cuando se dibuja una novela, creo yo, la realidad que se plantea es, indudablemente, una “realidad” imaginada y, para construir esa realidad imaginada, no queda más remedio que vivir la imaginación o, mejor, hacer vivir la imaginación.

• ¿En cuál de sus facetas hay más ficción: en la de piloto de caza y ataque, en la de escritor, o en la de Doctor en Filosofía?
R: No hay ficción en ninguna de las tres. Fui piloto de caza, soy doctor en Filosofía y aspiro a ser escritor. Aunque sí hay imaginación en las tres y, en algunos casos, mucha. Como piloto se desarrolla una profesión; pero, cuando se está allí arriba, la imaginación y la fantasía se desbordan: el horizonte se amplia hasta límites insospechado e, incluso, se puede jugar al escondite con las nubes. Como escritor (o aspirante) hay que manejar la imaginación tanto como se pueda y como doctor en filosofía, cuando se investiga o se imparten clases, la imaginación se queda casi exclusivamente en el propio campo de la filosofía: no es fácil delimitar o definir lo que se hace en este campo.

• Tanto usted como uno de los personajes de la novela son oriundos de Cedeira, municipio de las rías altas de Galicia, cerca de la sierra de la Capelada, donde corren libres los caballos, cerca del Santuario de San Andrés de Teixido, uno de los lugares más importantes de peregrinación de Galicia...’o que non vai de morto, vai de vivo’…. Todo este entorno, entre mágico y abrupto, ¿condiciona o inspira, a la hora de novelar?
R: Galicia es mágica. Esa parte de Galicia es, aún, más mágica y eso está presente en lo que se escribe. Mucho más si uno es un ferviente admirador de algunos escritores gallegos (Valle, Torrente, Cunqueiro…). No hay que olvidar, hablando de magia, que el realismo mágico no nace en Sudamérica, sino en Galicia. Considérese, si no, El hombre que se parecía a Orestes de Álvaro Cunqueiro, novela en la que, desarrollándose en la Grecia clásica, se usan altavoces o manos ortopédicas y donde la nodriza Oretana llega a parir un castillo.

• Sus novelas que aparentemente se sustentan en la ironía y el humor, ¿se podría
decir que el principal objetivo que persiguen es la denuncia y la concienciación de situaciones?
R: No, no. Uno no pretende convertirse en la conciencia de nadie ni en la voz que clama en el desierto. En las novelas no se hace otra cosa que describir situaciones o narrar peripecias y, efectivamente, al hacerlo con cierta ironía y con un sentido del humor acaso amargo y algo extraño, puede parecer que se busca la denuncia y la concienciación. Pero no. Esas situaciones las asumen algunos lectores por su cuenta. Y otros no. Otros se limitan a reírse o a exclamar ¡menudo rollo!

• ¿Qué hay de cierto en las afirmaciones de su editor Juan Varela Portas, cuando comenta que esta obra está escrita también…
“ por qué no decirlo, con una mala uva de lo más modernista”?
R: Bueno, Juan Varela, que es amigo mío, pese a ser mi editor, tiene dos problemas. Uno pertenecer a La Discreta Academia, responsable de Ediciones de La Discreta, una colección de maravillosos “esquizos” que se dedican a publicar como y lo que les parece, justificándolo con la afirmación de que editan lo que les da la gana, si a ellos les gusta. El otro, que también es gallego, es decir, no se sabe si sube o se está quietecito. Yo entiendo lo que quiere decir con lo de la “mala uva”, pero no entiendo del todo el calificativo “de lo más modernista”. Y eso que me lo ha explicado un par de veces.

• Acerca de los escritores españoles de los sesenta que aparecen reflejados en la novela, realmente ¿es esa su opinión sobre ellos?

R: Esto ya me lo ha preguntado más gente. Amigos que han leído el original y los propios editores. Y la respuesta es la misma. Yo no opino nada. Los conceptos que se vierten en la novela sobre esos escritores aparecen en una tesina de licenciatura de una estudiante norteamericana de la Northestern University de Illinois, que, para más datos, se apellida O´Hollowhead, lo que se puede traducir por O'Cabezahueca. Yo jamás me hubiera atrevido a decir semejantes cosas.

lunes, 4 de mayo de 2015

Los otros clásicos XXXIV - Bernardino de Rebolledo y Villamizar

Triste vejez e inmerecido abandono halló, en Madrid, el Conde de Rebolledo, después de haber sido una de las figuras más influyentes de la milicia y la diplomacia españolas del siglo XVII. Alférez ya a los catorce años, recorrió Italia, Flandes y gran parte de la Alemania actual tomando parte activa –y casi siempre heroica– en numerosos hechos de armas; y, tras haber sobresalido como uno de los españoles más relevantes de la Guerra de los Treinta Años (en la que fue honrado por el emperador Francisco II con el título de Conde del Sacro Imperio Romano), fue nombrado embajador de España en Copenhague, donde entabló una fructífera relación epistolar con la reina Cristina de Suecia (correspondencia que propició, amén de varios logros políticos, la conversión de dicha soberana al catolicismo). Tuvo tiempo, a pesar de esta agitada vida pública, de escribir poemas, discursos en prosa y piezas teatrales; pero el desdén ha caído sobre estas obras al igual que se abatió sobre su propia figura. Abandonado a su suerte en Copenhague (donde se arruinó al costear de su propio bolsillo los gastos de la embajada, pues no recibía dinero desde España), acabó regresando a Madrid ya viejo, pobre, amargado, desengañado del mundo y gravemente enfermo de gota. Y murió en el olvido.

XXXIV.- Bernardino de Rebolledo y Villamizar, Conde de Rebolledo (1597-1676).

Estos suspiros, Lisi, estos acentos,
desnudos de arte, de dolor vestidos,
lisonjas debían de ser de tus oídos,
puesto que indicio son de mis tormentos.

Mas a mover digna piedad atentos,
no bien fueron del alma despedidos
cuando vuelven a ser, por desvalidos,
querelloso embarazo de los vientos.

Segunda vez a ti se han atrevido:
si no fueren del todo despreciados
--en fe de haber tal dueño merecido–,

del tiempo vivirán privilegiados,
venciendo, ya que el tuyo no han podido,
el olvido a que estaban condenados.

lunes, 27 de abril de 2015

Ferias del libro y colas de pavo real


De nuevo se acerca la feria del libro de Madrid: multitud de casetas, actividades que más o menos tienen que ver con los libros, aglomeraciones... El año pasado, una nutrida cola ante una caseta –una escritora, mejor dicho, una tertuliana televisiva que había escrito un libro, firmaba ejemplares- me trajo a la cabeza la imagen de la cola de un pavo real. Di un par de vueltas al recinto ferial al tiempo que también daba vueltas a las razones de estas colas ante las casetas, el anuncio de libros más vendidos, la competición casi grotesca de algunos sellos editoriales por aparecer en los primeros puestos de las listas... Hasta que las dos colas (la de los lectores y la del pavo real) me llevaron al recuerdo de una antigua lectura. Llegué a casa y encontré el libro: El relojero ciego, de Richard Dawkins. Y sí, ahí había una posible explicación.

Richard Dawkins es zoólogo y uno de los máximos exponentes actuales del llamado neodarwinismo, síntesis moderna de la teoría de la evolución. En este libro –El relojero ciego-, además de otras interesantes y profundas consideraciones sobre la selección natural, Dawkins nos explica cómo, en muchas ocasiones de la historia de la evolución de las especies, se pone en marcha lo que él denomina “retroalimentación positiva”, que es un proceso acelerado de cambio, como el que se produce en una explosión nuclear cuando se alcanza la masa crítica del material radiactivo. Es así, nos explica, como en la “carrera armamentística” que se establece entre dos especies –una depredadora y otra su potencial víctima- evolucionan conjuntamente armas de ataque y de defensa. O como, bajo presión de la selección sexual y la preferencia de los genes de las hembras, evoluciona la cola de los machos de algunas aves, como el pavo real. Y aquí estaba la conexión con la cola de lectores en la feria del libro de la que yo era testigo; porque, a continuación, en su libro, Dawkins hace una interesante analogía entre la evolución biológica y la evolución cultural, en este caso, referida a la cultura del libro. Merece la pena transcribirlo:


Cuando las ventas de un libro “se acercan al punto crítico”, las cifras alcanzan el punto en el que las recomendaciones de boca a boca, etc., hacen que sus ventas despeguen súbitamente de manera incontrolada. El ritmo de las ventas se torna, de repente, más elevado de lo que era antes de alcanzar la masa crítica, y puede haber un período de crecimiento exponencial, antes de alcanzar la inevitable estabilización y posterior declive (...) Las cualidades reales de un libro (...) no pueden ignorarse en la determinación de las ventas; sin embargo, siempre que haya mecanismos de retroalimentación positiva al acecho, existirá un elemento marcadamente arbitrario, que determinará qué libro tendrá éxito y cuál fracasará. Si la masa crítica y el despegue son elementos importantes en cualquier historia de éxito, existirá una gran intervención del azar, y habrá un gran campo para la manipulación y la explotación por parte de la gente que comprende el sistema. Merece la pena, por ejemplo, emplear una suma considerable de dinero para promocionar un libro, hasta el punto en el que “alcanza el punto crítico”, porque, a partir de aquí, no será necesario gastar tanto dinero en su promoción: el mecanismo de retroalimentación positiva tomará el relevo y realizará el trabajo publicitario por el editor (...) 

Apenas me cabe duda: los que compran un libro deslumbrados por las colas ante las casetas de una feria o solo porque el título está entre los 20 libros más vendidos, tienen el mismo comportamiento que las hembras de un pavo real.