Por Javier Guzmán
La novela negra escandinava
tiene aciertos mayúsculos y su aporte al género puede considerarse como la
mayor contribución en otras lenguas y otros ámbitos en los últimos 30 años.
Pero de ahí a convertirla en la sublimación absoluta hay mucho trecho. De la
misma manera que el montaje (el lenguaje cinematográfico), se asienta sobre la
obra Eisenstein y Orson
Wells (rodada en B&N, con una cámara Mitchel y editada en moviola
vertical), como reconocen todos los directores desde entonces, la novela negra
actual sienta sus bases en los clásicos americanos.
Ignorar esto es como
pretender que la novela española nace con Camilo José Cela. (Por citar a
nuestro último premio Nobel.)
