martes, 7 de octubre de 2014

Acuarelas de Comas Quesada - Fuente del Risco e Iglesia de San Nicolás

Por José García Caneiro

No es preciso que el cielo
sea alcanzado
con alargar la mano;
hay un arco voltaico, manifiesto,

que une, indefectible,
agua y bronce,
quebrado tan sólo en un instante
en el fosco verdor de un solo árbol.
Unido a un canto
perdido entre los pliegues
de mantillas,
es el sonido blando
del blanco sin sonido
del agua transparente
quien da la claridad al día.
Como un eco,
cada gota de agua,
sobre el agua,
es timbre de metal
en la campana.

martes, 30 de septiembre de 2014

Los otros clásicos XXIX - Fray Jerónimo de San José




El ruiseñor de Juan Bautista de Mesa (vid. entrada anterior) me ha traído al magín otra avecilla canora similar que a duras penas recordaba yo revoloteando en la jaula endecasílaba de un soneto de fray Jerónimo de San José. Me refiero al poema que el carmelita descalzo dedicó a un ruiseñor y una rosa (“Aquélla, la más dulce de las aves, / y ésta, la más hermosa de las flores, / esparcían blandísimos amores / en cánticos y nácares suaves”), tal vez el más festejado y reproducido de su corpus lírico, debido a que Gracián lo alabó en el “Discurso LX” de su Agudeza y Arte de Ingenio. De aquellas páginas gracianescas leídas con avidez en mi juventud conservo yo, sin duda, el brumoso recuerdo de este soneto; y a ellas remito al lector curioso, ya que andan a mano en varias ediciones modernas fácilmente localizables. Prefiero, a cambio, reproducir aquí otra pieza magistral del zaragozano (natural de Mallén) don Jerónimo de Ezquerra y Rojas (así llamado antes de tomar el hábito carmelitano), hombre cultísimo que, tras haber cursado estudios de Artes, Teología, Sagradas Escrituras y ambos Derechos, sobresalió por su faceta de historiador y teórico de la historiografía. Poeta, además, de largo alcance, plasmó genialmente en este soneto el tópico barroco de la fragilidad de la vida.


XXIX.- Fray Jerónimo de San José (1587-1654)

¡Ay gloria vana -vana, torpe y breve;
engaño, encanto, burla y fingimiento-,
la que estriba en tan débil fundamento
como la arena de esta vida leve!

¿Quién a fiar, quién a seguir se atreve
el curso incierto de este inútil viento?
¿Y quién a edificar sobre cimiento
expuesto a que un vil soplo se lo lleve?

No hay cosa tan ruïn, flaca y liviana
que pueda ser, ¡oh mundo!, tu retrato,
por más que seas de las almas dueño;

pero mirando el curso de tu trato,
paréceme tu gloria, ¡oh vida humana!,
sólo un desconcertado y breve sueño.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Pequeño diccionario de Tediato (nuevas entradas)



alternatibia. Apéndice ortopédico que se aplica para reemplazar la parte inferior de la pierna.

 

amierdentrar. Infundir pavor mediante el uso de excrementos.

 

aperceber. Formular una advertencia que se dirige a un percebe. La acción es absolutamente inútil tanto si el percebe es un crustáceo como un bípedo.

 

babalanzar. Escupir.

 

boychornoso. Hombre que exhibe su desnudez de forma lamentable en espectáculos públicos (y más claramente en espectáculos púbicos).

 

casondeo. Prospección practicada de forma hilarante.

 

cocainoúmeno/a. Dícese del individuo que ha accedido al dominio de determinados conceptos kantianos mediante el consumo de cierta droga alcaloide.

 

destetierro. Interrupción indeseada de la lactancia que implica que el bebé o la madre deban abandonar su país.

 

españal. Habitante de España que aún no controla esfínteres.

 

heroección. 1. Reacción entusiasta que experimenta determinada parte de la anatomía de los héroes al hacer el bien. 2. Acto de erigir un monumento a un héroe o heroína.

 

hurticaria. Irritación producida por el latrocinio. Se trata de una reacción cutánea muy común en los tiempos que corren.

 

iniciatía. Manifestación de proactividad propia de las hermanas de mis padres.

 

inimitablet. Dispositivo móvil imposible de copiar.

 

jefemérides. Fecha señalada en la que se conmemora a un destacado líder.

 

multiple. Cantante de voz aguda y de muy variados estilos.

 

nanalizar. Estudiar pormenorizadamente las canciones que sirven para dormir a los niños.

 

nobvio/a. Prometido/a en matrimonio que no puede disimular su condición.

 

perripecia. Accidente o suceso singular que protagonizan los cánidos.

 

rescital. Acto literario o musical consistente en declamar poemas o cantar canciones ante un público compuesto por ganado bovino.

 

sofisticodo. Articulación del brazo que ha sido adornada con particular refinamiento.

 


 

lunes, 15 de septiembre de 2014

Eric Arthur Blair, recién llegado al frente de Aragón



A Javier Guzmán. In Memoriam

Lo que más le llama la atención es la suciedad. Por todas partes hay papeles, latas de conserva, restos de comida y sobre todo excrementos. Los españoles defecan junto al lugar en el que hacen la vida. Algunos incluso en la trinchera.

Todos los días cae a la misma hora una lluvia de proyectiles muy mediocres. El armamento de los fascistas –al menos el de los que ocupan esa posición– es tan malo como el de los republicanos. Ambos bandos comparten el calibre de algunas municiones. Hay unos obuses de los nacionales que hacen unos cráteres mínimos. Y eso cuando estallan, porque cerca de un tercio no llegan a hacerlo. Y como valen para los cañones de los republicanos, estos se los devuelven. Hay un obús que ha volado de una posición a otra más de diez veces. Le llaman El Pacifista. Por cada viaje le hacen una muesca. Nadie quiere que haga blanco.


A Orwell, afiliado al POUM hace unos días, comienza a nacerle un gran amor por los incultos anarquistas españoles. Dentro de cinco meses, en las jornadas de mayo, en Barcelona, a muchos kilómetros del frente, su vida correrá más peligro, ante el fuego amigo comunista, que en estas pobres trincheras. 

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Necroilógicas - Javier Guzmán

Sí, esta madrugada murió Javier Guzmán, novelista que el año 2000 había ganado el Premio Torrente Ballester con Brigada Lincoln y que no conocimos personalmente hasta que hace un par de años la “causalidad” de la vida le llevó a proponernos la publicación de la continuación de aquella primera novela. La publicamos en el 2012, con el título El cocinero del Papa, y desde entonces Javier entró para quedarse en nuestras vidas con su vitalidad y su personalidad arrolladora. Como escritor, colaboró con nosotros en este mismo blog, charlas, reuniones tempestuosas para hablar de literatura, presentaciones de libros. Pero sobre todo se convirtió en un amigo. Él sabía valorar la amistad con la cita adecuada:

Gracias por vuestra amistad, amigos. Como decía León Felipe, no basta con arar los campos, hay que cultivar las espigas con amor y con gracia.

En el mes de marzo, al tiempo que nos alegraba con el envío de la última entrega de la trilogía de Almedina, Javier nos hacía torcer el gesto con el anuncio de que le habían detectado un cáncer de páncreas. No se andaba con chiquitas o medias tintas; desde el principio enfrentó la enfermedad a cara descubierta:

Toda mi vida he sido analítico, responsable y capaz de asumir cualquier problema que se me presente. Posiblemente este es el más peliagudo de todos. Pero lo asumo, lo entiendo y lo acepto.

Y estos últimos meses han sido de gran intensidad para todos nosotros, pues al tiempo que avanzábamos en la corrección de la novela, con los habituales comentarios de Javier, llenos de humor y sabiduría

(Como ejemplo intercalamos aquí éste, uno entre otros muchos:
Me gustaría agregar algunos cambios. Por ejemplo, el hermano de mi mujer que está aquí porque, dadas las circunstancia, necesitamos la presencia de un hombre en casa, me dice que el los años 50 hablar de limpiar algo a "manguerazos", la tartana de "La simple verdad", es una desatino, entonces las mangueras solo aparecían en las películas americanas. Las cosas se lavaban a pozaladas.
-¿Pozaladas?
-Sí. Lo que los castellanos llamáis cubo, nosotros le decimos pozal. El suelo, una superficie grande y esas cosas se lavaban tirando pozales de agua.
-¡Ayvá, dios!
-¡Venga!
Otra. "Cap a..." es una catalanada cuyo significado es "en dirección a..." (cabeza a)
Ejemplo grasiento.
-¿Onde vais?
- Cap a Zárágózá!
Nunca lo olvides: el habla maña es de imperativo esdrújulo. La excepción es Zaragoza, palabra donde se acentúan todas las sílabas.)

         al tiempo de esto, digo, veíamos el imparable avance de la enfermedad y nos maravillábamos de la conciencia y entereza con las que Javier la afrontaba:

El otro día, más bien noche, estaba en bata cuando me levanté y vi una imagen ligeramente humana reflejado en el cristal negro por el contraespejo de la noche. Y allí estaba Nosferatu, versión clásica, Murnau 1922. Avanzamos, me dije, hacia la inmortalidad por extraños vericuetos.


Hace unos días, fuimos a visitarle a su casa en Madrid. Estaban su esposa, Alicia, y su hija, Tamara. Nos tomamos unas cervezas, charlamos, nos reímos, Javier nos leyó cosas que había escrito. Y nos despedimos, serenamente. Él nos contagió su entereza y nos enseñó algo que solo puede aprenderse de esta manera.

lunes, 1 de septiembre de 2014

En lo terrazo de mi alta

(homenaje, ex aequo, a Baltasar de Alcázar y José Manuel Marroquín)
Léase muy despacio y, a ser posible, en voz alta y de corrido, sin detenerse ni volver atrás cuando parezca que nada se entiende.


   Hoy que el apretor calora
y el afianzo se verana,
y en la madrad de Ciudid
hasta el derrito se asfalta,

   yo, cervezando unas tomas
en lo terrazo de mi alta,
quiero versir cuatro escribos
y cartaros esta manda.

   Me ha casido un raro ocurro
que os ha de gracer mucha hacia…
mas, para conter podároslo,
he de latirme otra abra.

   ¡Qué cervicia es la deleza!
¡Qué ideo quien la geniara!
Sólo una ponga le falto:
que en dos acabos se traga.

   En cuanto anillo la quita,
según la termino, se abra;
¿por qué pocará tan duro?
En fin, otramos por vaya.

   Pues, como contaba andándoos…
(¿y yo qué conto os coñaba?
¡Ya se me fue el salo al ciento…!
¡A mí este mator me cala!)
   Me cerveceré otra beba,
que me cabece la aclara;
porque a importo le ninguna
si es la óctima o septava.

   El maror me ha caleado,
me ha tensionado la baja;
se me ha vistado la nubla,
y la treba se me langua.

   Birro que con otra piensa
contaré qué os recordaba,
pues la cervira me inspeza
ante la págino en blanca;

   y me corre de salido,
si no me jalta una farra,
un mamotocho más treto
que Fortucinta y Janata.

   Granamos, en fin, al vayo:
Mas, ¡oh funescia desgrata!
¡Me las he todado tomas!
¡No queda heleza cervada!

   ¡Compro a correr más bajando,
no la muerte ingrate me halla
gotando la suda gorda
en lo terrazo de mi alta!

lunes, 25 de agosto de 2014

Currículo oculto


Hace algún tiempo, una persona que me consideraba mucho como escritor –al menos hasta ese día– se puso en contacto conmigo para que recomendara a chicos y chicas de entre 14 y 15 años algunas lecturas. Era una persona preocupada por el fomento de la lectura en adolescentes, y habiendo investigado algo de mi currículum –por ejemplo que a esa edad yo había obtenido calificaciones de matrículas de honor en las asignaturas de Lengua y Literatura en el bachillerato– pensaba que mi consejo sería muy bueno para los jóvenes.

Le contesté que, precisamente por mi experiencia de aquellos años, no me sentía capacitado para hacer esa recomendación. Sí, me habían dado matrícula de honor en Literatura; pero no por mi brillantez o el provecho que había obtenido de mis lecturas y estudios literarios, sino porque me había sabido adaptar muy bien a lo que se me pedía como alumno: en realidad, las lecturas que se me proponían en el instituto siempre me parecieron infumables y poco o nada saqué de ellas en aquellos momentos. Para ser sinceros, continué diciéndole, lo único que leía con gusto en aquella época eran novelitas de la llamada serie B que se compraban en los kioscos y salían cada semana. Sobre todo estaba enganchado a las novelas del oeste. Silver Kane, Keith Luger, y cuando me faltaba alguno de estos dos autores, me conformaba con Marcial Lafuente Estefanía, que consideraba producto nacional. Más tarde me enteré, con cierta desilusión, que en realidad todos eran producto nacional, pues detrás de Silver Kane se escondía Francisco González Ledesma, que era de Barcelona, y que Keith Luger era un valenciano que se llamaba Miguel Oliveros Tovar. ¿Qué hubiera dicho mi serio profesor de Literatura –por cierto, un literato muy reconocido– de saber que a mí El libro del buen amor me importaba un bledo y que con lo que yo realmente disfrutaba era con Que me entierren donde caiga mi sombrero? Naturalmente, en aquella época yo ocultaba celosamente este aspecto de mi currículum literario.

Así pues, ¿qué iba yo a decirles a esos chicos y chicas de 14 y 15 años respecto a sus lecturas? Siguiendo con lo del oeste, habría quedado muy bien recomendándoles por ejemplo Al este del Edén, de Steinbeck, o algo de Faulkner. Pero, honestamente, ese salto lo hice yo bastante más tarde.






martes, 19 de agosto de 2014

Acuarelas de Comas Quesada - Callejón de San Marcial

Por José García Caneiro


Se pararon los relojes en el aire
y huyeron los minutos
por todos los cuadrantes.
La postrera palabra
solidificó la lluvia
en un intento vano
de detener al mundo.
Y la historia, por una sola vez,
se rebeló ante el viento;
no pasaron los años
por la calle, las puertas, los balcones;
la vida envejeció en todo el orbe
y, en esta esquina,
se encogió sobre sí misma.
Habrá otra época, tal vez con otros soles,
en que vuelvan a surgir sobre las losas
las sombras de un instante
aún no fugado.

martes, 12 de agosto de 2014

Julio Ramón Ribeyro, Dichos de Luder (Lima: Jaime Campodónico Editor, 1992)




Por lo que es más conocido el peruano Julio Ramón Ribeyro es por sus cuentos, muchos de ellos excepcionales, cuentos que hace tiempo se leen en colegios e institutos.
No menos excepcional es Solo para fumadores, su libro sobre el tabaco, o más bien sobre sus conflictivas relaciones con el tabaco, un libro triste, de una intensidad y una fuerza turbadoras.
Pero de todos los que escribió Julio Ramón Ribeyro mi favorito es Prosas apátridas, libro absolutamente genial, recopilación de pensamientos, anotaciones de una claridad y una lucidez apabullantes.
Este de Dichos de Luder es como un primer esbozo de las Prosas apátridas, también con anotaciones (pensamientos, opiniones) muy originales. Lo que me resulta más gracioso de este libro es que Ramón Chao lo tiroteó para hacer su prólogo a La tentación del fracaso, los diarios de Ribeyro que publicó Seix Barral hace unos años. Chao copió muchos fragmentos enteros. En el prólogo de Ribeyro a los Dichos de Luder hay un pasaje en el que atribuye a Luder unas costumbres de su época de París que Ramón Chao copia exactamente, atribuyéndoselas a Ribeyro, y muchas de las cosas que dice Luder, especialmente las más humorísticas, Ramón Chao las cuenta como que se las dijo a él Ribeyro, en distintos momentos de su amistad, curiosamente con las mismas palabras. Chao se fía tan poco de su propia memoria, está tan apegado al texto de Ribeyro, que uno llega hasta a dudar de que conociera a este fuera de los libros.


martes, 5 de agosto de 2014

Los otros clásicos XXVIII - Juan Bautista de Mesa


Don Juan Bautista de Mesa, casi coetáneo riguroso de Cervantes, conforma una de las singularidades más llamativas del “grupo antequerano-granadino”. Hombre de amplia formación humanística, ejerció de escribano –otros dicen que de notario– en su Antequera natal, al tiempo que consagraba sus inquietudes intelectuales a la traducción de clásicos latinos. Su primera “rareza” estriba en que no fue poeta –soldado, ni poeta– clérigo ni poeta– profesor, como la inmensa mayoría de los vates de su tiempo; y otra originalidad suya es que desembocó muy tarde en la poesía, ya en plena madurez (“poeta de senectud”, le llama Juan Bautista Martínez, uno de los pocos estudiosos de su obra), rodeado de jóvenes nacidos en generaciones posteriores (como Pedro de Espinosa), el más conocido de ellos, que era treinta y un años más joven). Entre el reducido corpus lírico de Mesa que ha llegado hasta nuestros días (ocho sonetos, un madrigal, una canción y un romance), sobresale este hermoso poema en el que el autor, recogiendo el tópico  virgiliano del ruiseñor que trina sus penas de amores (también reelaborado por Petrarca), compara el dolor con el de la avecilla, y concluye que el suyo no tiene remedio, pues el desdén de su dama alcanza cotas inmutables de dureza.

XXVIII.- Juan Bautista de Mesa (1547-1620).

Si al viento esparces quejas en tu canto,
amante ruiseñor, y no has podido
inclinar a piedad el sordo oído
de tu querida, no te cause espanto:

¿Qué mucho, aunque bien cantas y amas tanto,
que el canto y el amor hayas perdido,
si, como yo, te ves aborrecido,
pues yo amo y lloro, y pierdo amor y llanto?

Consuélate en mi mal y el bien espera,
que solo yo en mi mal es bien presuma
que con mi fe compita en ser constante;

al fin amas tú a un ave, yo a una fiera:
tú un pecho –presto– mudarás, de pluma;
yo, tarde o nunca, un pecho de diamante.