Por Luis Junco
En estos días he vuelto a leer que se van a publicar los diarios inéditos
de Julio Ramón Ribeyro, muchos que corresponden a los años que, ya enfermo, volvió
a su tierra natal. Las vicisitudes de estos diarios constituyen en sí una
novela: lo que cuentan quienes fueron sus amigos (entre ellos, Bryce Echenique)
sobre la prodigalidad de esos escritos, que si su viuda no quiso publicarlos
por lo que contenían, que si están guardados en un banco en París, que si ahora
su hijo Julio quiere publicarlos... Los que admiramos la escritura de Julio
Ramón Ribeyro naturalmente deseamos verlos publicados, y mientras tanto, nos
sentimos más que bien reconfortados con releer los ya conocidos. En este blog
nos hemos referido a Ribeyro en dos entradas. Aprovechando la noticia citada
arriba, quiero yo hacer otra semblanza del genial escritor con una selección de
diez de los dichos de su Luder, obra a la que se refirió en este mismo blog Emilio Gavilanes.
1. Hay
autores que fracasan majestuosamente -dice Luder-. Son como un trasatlántico
que se va a pique en plena tempestad, con todas sus luces encendidas, entre el
ulular de las sirenas. Otros, en cambio, son como el tipo que se ahoga en un
estanque fangoso, sin que nadie lo vea, agarrado al mango de una escoba
podrida.
2. Le
hacen notar a Luder que nunca ha manifestado celo ni envidia por el triunfo de sus
colegas.
-Es verdad. Eso
les puede dar una idea de la magnitud de mi soberbia.
3.
-Un libro
magistral -dice Luder- puede ser un agregado de frases banales, del mismo modo
que con una sucesión de frases geniales no se hace un libro magistral. En el
arte literario, curiosamente, el todo no es la suma de las partes.
4.
-Soy como un
jugador de tercera división -se queja Luder-. Mis mejores goles los metí en una
cancha polvorienta de los suburbios, ante cuatro hinchas borrachos que no se
acuerdan de nada.
5.
-¿No te preocupa
escribir desde hace treinta años para haber alcanzado tan minúscula celebridad?
-le preguntan a Luder.
-Por supuesto. Me
gustaría escribir treinta años más para llegar a ser completamente desconocido.
6. Encuentran a Luder que deambula pensativo por una calleja
perdida del Barrio Latino.
-¿Qué haces por
aquí?
-Estaba
caminando tras los pasos muertos de una antigua primavera feliz.
7.
-Hay que estar
muy atentos -dice Luder-, hay que estar día y noche atentísimos para descubrir
la ventana por la cual podemos despegar intrépidamente hacia lo desconocido.
8.
-¡Cómo puedes
aguantarlo! -critican a Luder porque visita a menudo en su buhardilla a un
pintor viejo y paupérrimo.
-Es que me
encanta su manera natural de invitarme a compartir su fracaso.
9. Luder
lanza una mirada lenta, circular y fatigada a los miles de libros que contienen
los estantes de su biblioteca.
-¡Cuánto
ignoramos! -suspira.
10.
-Es penoso irse del mundo sin haber adquirido una sola certeza -dice
Luder-. Todo mi esfuerzo se ha reducido a elaborar un inventario de enigmas.

