Ni un día llevas muerto, y ya cien añosde soledad parecen en Macondo.
En los tiempos del cólera, ¡qué hondo
el laberinto urdido en tus engaños!
Ya tus demonios sin amor, huraños,
cual náufrago te arrastran hasta el fondo,
y en mala hora brota el fango hediondo
en la hojarasca de los desengaños.
Tus putas tristes narran hoy la crónica
de tu muerte anunciada, tan agónica
como ese otoño que el patriarca esquiva…;
y ya sin perro azul que se desmande,
no irá a tu funeral la Mamá Grande
y el coronel no tiene quien le escriba