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lunes, 13 de febrero de 2012

Cuentos de Kjell Askildsen


Los relatos del noruego Kjell Askildsen son el elogio de la intensidad. La crítica ha ensalzado unánimemente su galería de retratos del estado del bienestar, su prosa desnuda de recursos, su renuncia a efectos fáciles; los textos limpios de Askildsen se nos ofrecen sin trampa alguna y su lectura, en cambio, no nos da tregua.

El tiempo en el que recoge sus historias es el momento en el que el vaso está a punto de rebosar, él se detiene en la gota que va a colmarlo. Quizá por eso la última frase de sus relatos siempre tiene un gusto amargo a despedida, aunque se trate de una reconciliación, aunque la historia tenga por fuerza que continuar.

La edición de todos sus cuentos publicados en español (a excepción de “Carl Lange”) por Lengua de Trapo en 2010 en edición (póstuma) de Fogwill, reúne historias de pareja, historias de un amor que ya se colmó, historias de hombres ancianos, agotados, hombres que se enfrentan a un encuentro que les derrota. Y las derrotas las reparte la familia (las relaciones familiares son una fuente inagotable de desasosiego, principalmente hermanos y hermanas), perfectos desconocidos tanto como lo son aquellos a quienes nunca hemos visto. En los cuentos de Askildsen los personajes fueron y ya han dejado de ser, las relaciones fueron y ya han dejado de existir. 

lunes, 16 de enero de 2012

Hambre, de Knut Hamsun


En un periódico leo una información sobrecogedora referida a nuestro país: “Desde el comienzo de la crisis [en el cuarto trimestre de 2007] los hogares que no perciben ningún tipo de ingreso, indicador indirecto de la pobreza más extrema, han aumentado un 120%, hasta 265.000”. Y siento la necesidad de dejar la lectura en curso y releer Hambre, del premio Nobel de Literatura de 1920 Knut Hamsun. Quizás ninguna como esta obra y nadie como este escritor noruego -maldito, como Céline, por sus postreras simpatías por los nazis- para acercarnos a lo que significa la miseria en un país desarrollado.
La novela está escrita en 1888, ambientada en Cristiania (Oslo), y narra, en primera persona, las peripecias de un periodista, quien, sin trabajo a pesar sus continuos esfuerzos por conseguirlo, se ve abocado a la más de las terribles miserias, hasta llegar literalmente al borde de una muerte por inanición. Sólo de vez en cuando consigue que uno de sus artículos sea aceptado en la redacción de algún periódico y consigue así algo de dinero para sobrevivir, pero de nuevo vuelve a la miseria y al hambre. Sus denodados esfuerzos por seguir escribiendo, por mantener su orgullo y dignidad y no saltarse la ley resultan heroicos y conmovedores. Y si el hambre es terrible en todas las condiciones, tal vez alcance su mayor horror en una ciudad del mundo occidental y desarrollado, en medio de la opulencia y la insolidaridad de unos semejantes que miran con desdén, cuando no con evidente animadversión, al que se muere de hambre. Es tal la crueldad, que no sólo los pudientes se desentienden del mendigo, sino los propios menesterosos hacen burla del indigente. La novela, que por lo que parece está basada en una experiencia del propio escritor, resulta creíble a más no poder. La deriva del protagonista hacia la más horrible soledad y miseria, el continuo devaneo con el delirio y la locura están narrados con un detalle que sobrecoge. Hasta el amor de la mujer se muestra esquivo cuando reconoce la pobreza del amante.
En un momento determinado de la narración, el protagonista, agobiado por una situación que nunca había imaginado padecer, reflexiona:
Si se lo contara a alguien, no me creería, y si lo escribiera, dirían que lo he inventado.

En estos tiempos de crisis, cuando en las llamadas ciudades civilizadas y desarrolladas crece por miles el número de personas abocadas a la miseria y a la insolidaridad, es necesario volver a leer este espléndido libro que conjuga la denuncia con la mejor de las literaturas.