Si alguien merece figurar en los puestos de honor de “Los otros clásicos”
es, por derecho propio y voluntad ajena, el palentino fray Damián Cornejo,
poeta preterido, ignorado y ninguneado donde los haya (hasta el extremo de que,
entre los poquísimos que han leído algunos de sus poemas, muchos creen que lo
de “fray Damián Cornejo” es un pseudónimo, cuando se trata de su nombre auténtico.)
Sin duda, el ostracismo al que le condenaron críticos, antólogos, editores y
profesores se deriva de la propensión de este franciscano hacia la líirica erótico-burlesca,
a veces rayana en lo pornográfico.
