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martes, 30 de octubre de 2012

A vueltas con la carrera literaria


En algunas ocasiones, entre las páginas del suplemento Babelia se encuentran algunas cosas interesantes. Una de ellas la hallamos en un número del pasado mes de septiembre, la firma el escritor argentino Patrico Pron y lleva por título Carrera literaria.

En el artículo, Patricio Pron salía al paso de un comentario de una reconocida escritora española al referirse a la necesidad de avanzar en su carrera literaria. Para Patricio Pron, esta afirmación ponía de manifiesto, de una parte, una manera de entender la actividad literaria como algo reglado, con unas pautas determinadas y unas metas precisas; lo que, en su opinión, es algo erróneo. Para él, el ejercicio literario depende mucho de unas circunstancias personales imposibles de resumir en unas reglas a imitar, y si hay algo que no tiene, es una meta determinada, porque en su desarrollo se producen tanto los avances como las vueltas atrás. Y por otra parte, añadía Patricio Pron, una concepción de la producción literaria como una carrera esconde una “visión mercantilista de la literatura”, que lleva aparejado –complemento yo– ese prestigio basado en número de ejemplares vendidos, campañas mediáticas (incluidos suplementos literarios) interesadas y no pocos premios literarios de renombre amañados.

Al tiempo que comparto las ideas esenciales del autor del artículo, no puedo anatematizar los intentos de muchos escritores por “hacer una carrera literaria” y hasta tratar de vivir del esfuerzo que el ejercicio literario disciplinado y constante comporta. Lo que sí me parece censurable es cerrar los ojos al mundo en el que, con toda su buena fe, se meten; al contexto socioeconómico que lo gobierna y en el que también está inmerso eso que llamamos cultura: un lugar en donde la calidad y la cantidad no tienen por qué ser incompatibles, pero en donde manda la rentabilidad; un lugar en donde entretenimiento y reflexión pueden armonizar, pero en donde las más de las veces se premia lo políticamente correcto, se trata de silenciar lo crítico y sofocar las rebeliones contra modos y modas en los que ciertos establishments consolidan su permanencia.

No debe ser fácil realizar esa singladura por aguas tan turbulentas y salir indemne.

La pregunta sería –y podría ser comparable a la que actualmente nos hacemos sobre la crisis económica que padecemos–: ¿es que no hay otra alternativa?