En el inicio de
una novela, como Advertencia, puede leerse lo siguiente:
A la hora de escribir no puedo sustraerme al recuerdo
de lo que he pensado, a lo que he escuchado, a lo que he vivido. Con la
memoria, la imaginación crea imágenes y cuadros que quedarían destruidos si se
decide enfrentarlos a la realidad.
Estimado lector: esto es una novela, una obra de mi
imaginación. Cualquier intento de equiparar ficción y realidad supondría
aniquilar ambas cosas.
Yo creo esto
firmemente.
No hace mucho
leí uno de los últimos libros de Alice Munro que aún tenía pendiente, Demasiada felicidad (Ed. Lumen, 2010), y
en uno de los relatos que lo componen, Ficción,
puedo sacar, con meridiana claridad, esta misma conclusión.
Pido disculpas
si desentraño demasiado la trama. No me gusta hacerlo. Pero, en este caso y
para explicar esta interpretación, es necesario. (En todo caso, si alguien
desea leer primero el relato y/o no seguir con la lectura, aquí puede hacerlo.)
