viernes, 15 de junio de 2012

Qué autoridad debe decidir en un Diccionario


El estadounidense David Foster Wallace (que se suicidó en 2008 cuando apenas contaba 46 años de edad) es sobre todo conocido por sus novelas La broma infinita, El rey pálido y su libro de relatos La chica del pelo raro.  Pero su ingenio también brilla en las certeras  reflexiones y las críticas agudas y llenas de humor de sus ensayos. De Hablemos de langostas (2006) me detengo en “La autoridad y el uso del inglés americano”, una reflexión sobre en qué puede o debe basarse la autoridad que dictamine qué palabra o expresión debe o no admitirse en un diccionario. Todo el artículo es sustancioso y muy recomendable. Pero como su lectura, en mi caso, coincidió por azar con una polémica sobre la autoridad en el diccionario de la que se hacía eco un conocido periódico, mi interés se centró en este aspecto del artículo de D. F. Wallace y que ahora comento.

En “La autoridad y el uso del inglés americano” se hace un repaso a las distintas corrientes de opinión en Estados Unidos desde los años setenta a la actualidad. Y con respecto a una de aquellas de los años setenta que se encuadraba bajo la denominación de Nuevos Críticos, se dice textualmente:
Recuerden su fe en que había que concebir la crítica literaria como tarea “científica”: el crítico era un observador muy bien formado, neutral, meticuloso e imparcial cuya tarea era encontrar y describir de forma objetiva significados que estaban allí, literalmente dentro de las obras literarias. Para concluir con que aquellos Nuevos Críticos creían en la existencia de la observación imparcial. Y que los significados lingüísticos podían existir “objetivamente” separados de todo acto interpretativo.
Según David Foster Wallace: 
…ahora está más o menos universalmente aceptado que (a) el significado es inseparable de alguna clase de acto interpretativo y (b) que los actos interpretativos siempre son parciales, es decir, influidos por la ideología particular del intérprete. Y la consecuencia de (a) + (b) es que no hay forma de evitarlo: las decisiones sobre lo se mete en El Diccionario y lo que se deja fuera van a estar basadas en la ideología del lexicógrafo. Y todos los lexicógrafos tienen la suya. Suponer que la creación de diccionarios puede de alguna forma evitar o trascender la ideología no es más que suscribir una ideología en concreto, una que puede llamarse de forma apta Positivismo Increíblemente Ingenuo.
(Ed. DeBolsillo, 2009)

4 comentarios:

  1. El artículo de Foster Wallace hay que contextualizarlo en la situación del inglés, que a nivel lexicográfico es muy diferente de la del español. El inglés carece de Academia (o Academias) que regulen el uso de la lengua, los diccionarios de inglés son puramente descriptivos y no normativos porque "la norma" del inglés no existe.

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    1. Sí, claro, estoy de acuerdo, Carmen. Pero para evaluar la conclusión de Foster Wallace ampliándola al español, la pregunta sería: Teniendo en cuenta que ambos tipos de diccionario tienen como objetivo explicar el significado de las palabras de una determinada lengua, aunque el descriptivo se limite a recoger los usos y el normativo a establecer las normas, ¿es que a la hora de establecer esas normas se puede prescindir de la ideología -y no es determinante en definitiva- de los (en este caso) señores y señoras de la Academia?

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  2. Hay en los académicos una tendencia a utilizar fómulas para describir el significado de las palabras tan descontextualizadas que a veces vuelvo a buscar de nuevo porque creo que me he equivocado. Pepe

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  3. Así es, Junco. En estos casos bastaría con registrar el lema sin definirlo, cosa que ya hacen algunos diccionarios.

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