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lunes, 21 de abril de 2014

Pariremos con placer, de Casilda Rodrigáñez

Por Pedro Mariné

Hoy me he pasado un buen rato por el blog, y he pasado muy buen rato. Me parece un canal idóneo para las discreterías, he disfrutado con todas las entradas pero en especial con la necroilógica de Félix Grande (magnífico homenaje, este de poder conseguir sonreír ante la muerte de un Grande de España y enfrentarse a la muerte del ingenio con más ingenio todavía -¿dónde está, Muerte, tu victoria?-, y me ha llamado también poderosamente la atención una de Gavilanes sobre Wilhelm Reich. 

Magnífica entrada, Emilio, por el poder de evocación de la siempre mítica juventud, y también por presentarnos este interesante personaje.

Resulta que nunca antes había tenido curiosidad de indagar en internet sobre él, y eso a pesar de que ocupa un lugar primordial en un libro para mí muy aconsejable, "Pariremos con placer", de Casilda Rodrigáñez. En este, que comienza con la reseña "En el 50 aniversario de la muerte de Wilhelm Reich" se nos explica que, contra lo que se inculca a todas las mujeres "occidentales", el parto no es una condena al dolor. Hay testimonios de mujeres -sobre todo de otras culturas- que paren no solo sin que se trate el parto como una enfermedad (aquí es necesario un hospital, médicos, en fin, alerta sanitaria...) sino con verdadero placer: teniendo un orgasmo.  

De esta sorprendente y liberadora línea de pensamiento se cita incluso un antecedente... ¡de 1515!: Ambroise Parè, en "L'Anatomie” dice: "la acción y utilidad de la matriz es concebir y engendrar con un placer extremo".

Para parir no solo sin dolor sino con placer extremo habría que descontraer el útero, que está, junto a todo el aparato genital femenino, especialmente "maldito", ocultado, humillado (la regla como impureza, el sexo restringido solo a fines procreativos -ablación del clítoris incluida-, demonización de la masturbación, etc etc.). Siguiendo la línea de pensamiento iniciada por Reich, Casilda Rodrigáñez concluye que la preparación para un parto placentero, con un útero flexible, es el orgasmo (esa sería la utilidad que se le escapó al bueno de García Calvo cuando afirmó: "el orgasmo femenino es gloriosamente inútil"). O sea que no solo es normal, sano y placentero, sino necesario: a masturbarse tocan, chicas.

jueves, 20 de marzo de 2014

Wilhelm Reich

Cuando yo tenía catorce, quince años, había en la pandilla un chico unos años mayor que los demás que ejercía de gurú. Él nos enseñó que en el mundo se superponían dos dimensiones: una visible y otra secreta, lo que podíamos ver y lo que en realidad estaba ocurriendo. Muchas veces íbamos por la calle, asistíamos a una escena y enseguida acudíamos a él para que nos explicase lo que estábamos viendo, como si nosotros fuésemos ciegos. A veces, después de salir del cine le pedíamos que nos contase la película que acabábamos de ver.

La clave de lo que en realidad estaba ocurriendo estaba en los libros. Y él había leído todos los libros. No los de los mayores, los que nos pedían en el colegio, los que los adultos querían que leyésemos, sino los que merecía la pena leer. Venía y nos contaba que Hernán Cortés jugaba al ajedrez con Moctezuma y que le hacía trampas. O que el primer cóndor que se mandó a Europa desde América medía seis metros de una punta de un ala a la de la otra… Las cosas que molaba saber. Él fue quien nos contó los libros de Castaneda. Él nos hizo adictos a ellos. Adorábamos a Castaneda y a don Juan Matus y queríamos viajar a Ixtlán y entrar en el nagual. Mucho antes de leer por nuestra cuenta aquellos libros, nosotros ya los conocíamos. Incluso comprobamos después que había episodios en los que el original no estaba a la altura de su copia.