“He visto las mejores
mentes de mi generación destruidas por la locura...”. Así comienza el poema más
famoso de la generación beat. Yo me temo que esto sea lo único que voy a acabar
recordando de él.
Quizá la traducción sea floja y tanto la música del verso como el
contenido, lo que dice, hayan pasado muy deteriorados. Pero lo dudo. En
cualquier traducción de un libro bueno siempre acaba sobreviviendo algo bueno
del original. Yo en este libro no he encontrado nada de valor, ni en la forma,
ni en el fondo. Repito que quizá en inglés sea otra cosa y tenga algún mérito. Pero
en español a mí me parece pura charlatanería. Palabras, palabras, palabras,
detrás de las que hay aire. Ningún poema me dice nada (sí, que Neal Cassady se
follaba a todas las tías que se cruzaban en su camino y alguna cosa de interés
semejante). No veo poesía por ninguna parte. Ni prosa (a la que creo que aspira).
Tal vez en su época supuso una conmoción, un escándalo para la sociedad. Hoy
solo podría escandalizar a un lector muy ñoño. A mí me parece un libro
profundamente descerebrado, y me enfada que en un poema el autor nombre a
Whitman, como si así quedase hermanado con él.
La
mejor poesía de la generación beat, para mi gusto (un gusto caprichoso que aborrece
también a Ferlinghetti y a Corso), son los haikus de Kerouac. En algunos de
ellos se da una fusión perfecta entre el delicado espíritu tradicional del
haiku japonés y la pragmática vida moderna americana, lo que les da un aire muy
original.
Allen Ginsberg Aullido (Barcelona: Anagrama, 2006)
