Cómo nos fascinan estos libros encontrados al azar en un tablero de Moyano y que leemos con la esperanza de encontrar historias de aquellas que gustaban a Cunqueiro. Este El río de las maravillas, de Sigurd Sternvall, editado por Seix Barral en el año 1941, cuenta un recorrido por un gigante de los ríos, el Yangtsekiang, desde su desembocadura hasta donde deja de ser navegable. Y no nos decepciona. El autor, un sueco que trabajó para el departamento de aduanas del gobierno chino, y que navegó en muchas ocasiones por las costas y los ríos chinos, nos va contando sin énfasis noticias que demuestran que el mundo es maravilloso.
Cuenta, por ejemplo, que el Yangtse es un gran excavador y ha alcanzado yacimientos muy profundos de diversos minerales. En algunas islas de ese río enorme hay manantiales de agua salada que los aborígenes ponen a hervir para obtener sal, muy apreciada entre los chinos. Pero para hervirla necesitan combustible y hace mucho tiempo que en esas islas ya no hay vegetación. A cambio hay yacimientos de gas natural, que los naturales emplean como mecheros. Algunos de esos pozos de gas llevan ardiendo ininterrumpidamente más de mil años, quizá varios milenios.
