El murciano Ramírez Pagán alcanzó gran prestigio como
poeta a mediados del siglo XVI, hasta el punto de que este espléndido soneto
suyo, celebérrimo en su tiempo, lo presentaron como propio algunos de sus coetáneos.
Él mismo se vio forzado a subrayar su autoría con esta anotación: «Este soneto ha tenido muchos padrastros que
no le han tratado bien, y agora su propio padre lo restituye en su primera
librea». Inexplicablemente, esta auténtica joya de la lírica renacentista
española no figura en los libros de texto.
II.- Diego Ramírez Pagán (h. 1524-d. 1564)
Dardanio, con el cuento de un cayado,
el nombre y la figura deshacía
de aquella a quien él mismo había
en mil cortezas de árboles cortado.
Y con el rostro triste y demudado,
con un ¡ay! que del alma le salía:
“Oh, perversa Marfira -le decía-
en quien puse mi fe, seso y cuidado,
si pudiera del alma tu retrato
quitar, cual de los árboles le quito,
no harías mi vida ser
tan corta.
Mas, ¡ay!, cuán por de más triste me mato
que lo que está en el corazón escrito,
borrarlo en la corteza poco importa”.
