Mostrando entradas con la etiqueta motivos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta motivos. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de julio de 2013

Motivos para una narración

Hace unos años, en una mesa redonda con narradores, se trataba del motivo elegido por cada autor en su escritura. Era algo sobre lo que ya había pensado, y no dudé en contestar que por regla general mis motivos tenían que ver con personas o situaciones que por alguna razón se me presentaban como un enigma y exigían de mí una historia a modo de respuesta o explicación. 

En algunas ocasiones, la exigencia era clara y apremiante; pero la mayor parte de las veces solo se trataba de una señal, en apariencia insignificante –una anécdota, una frase, un gesto, una imagen–, que sin embargo me dejaba en el ánimo una huella definida. Solo con el tiempo –podían transcurrir años– el enigma reaparecía con todo el vigor de su reclamación. La necesidad de la historia se convertía entonces en una obsesión, pues me daba cuenta de que su trama o urdimbre no podía ser cualquiera, sino que, de entre todas las que yo podía imaginar, solo una, en su relato, llevaba la solución. A veces, encontrarla me llevaba unos pocos minutos; otras, mucho tiempo. Y sé que habrá algunos casos para los que ya no me llegará el tiempo.

Lo que sigue siendo una constante cada vez que doy con la buena historia es el gran alivio que se experimenta, y la alegría del descubrimiento de la que uno se siente embargado. 

Tiempo después releí a Karl Popper en su opinión de acercarse a la ciencia:

Pienso que solo hay una manera de llegar a la ciencia o, si se quiere, a la filosofía: conocer un problema, ver su belleza y enamorarse de él; casarse con él y vivir juntos hasta que la muerte nos separe, a menos de que antes conozcamos otro problema aún más encantador o a menos de que consigamos encontrar efectivamente una solución. Pero incluso si encontramos una solución, es posible que luego descubramos, con gran alegría por nuestra parte, la existencia de toda una familia –igualmente encantadora aunque tal vez más difícil– de problemas-hijo…

Y comprendí que, a pesar de que las ciencias y las letras parezcan tan distantes, era eso lo que de manera más torpe yo había querido decir con respecto al motivo de mis relatos. Eso exactamente.