Mi amiga Tina, estanquera,
castiza, chulapa, pechugona y descará, ¿a quién, a mí?, sigue siendo fiel a la
memoria del Caudillo (con mayúscula, porfa), y no pasa un 20 de noviembre sin
pegar una lágrima en su muro. También fue del Opus, mas aguantó poco en el
refugio del subterfugio (tanta reunión alambicada, tanta señorita amaestrada,
tanto amor de meapilas), y los largó destemplá, ¡si es que son muy ñoños, leñe!
Pues esta perla, o joya, me dijo un día, ¿películas?: A mí la peli que más me
ha gustado es Pretty Woman. Yo aproveché raudo el flanco abierto, claro, es un
precioso cuento de puta con millonario. Pues como la vida misma, jodío, y qué
bien lo has definío. Huelga decirlo, mi amiga Tina es madrileña de arrastre.
Las historias de putas,
mujeres que venden su cuerpo por dinero, y millonarios, hombres que compran
cuerpos por dinero, son más viejas que la orillita del mar y acampan en los
campos de las letras desde antes de que se inventara la escritura. La nueva
versión de lo viejo, 50 sombras de nada, abunda en los tópicos y repatea la
literatura con saña de ilustrado en su diván. El rico hombre hace de sádico y
la golosa ilusa de masoca, o sea, lo habitual. Él la penetra con ritmo de
perforadora petrolera (no deja hueco u orificio libre, la búsqueda rastrea hasta
el hondo musgoso de los humedales fangosos), y ella aúlla como perra con nudo
de perro dentro, vamos, se larga sesiones multiorgásmicas que describe con
rubor de teresiana extasiada ante lo que estoy sintiendo. De todas maneras, la
cosa es controlada, nadie vaya a pensar en el divino marqués haciendo guarradas
durante 120 interminables días por Tacoma, Zamora, Gomorra o Salamanca.
