El libro es una pequeña enciclopedia del fútbol, con
información sobre los orígenes del juego, sus reglas, los jugadores más
famosos, la historia de los mundiales..., resaltando continuamente multitud de
anécdotas, de personajes, de jugadas. Como uruguayo, presta mucha atención al
fútbol sudamericano, en el que, por lo que se ve, ha habido equipos
extraordinarios de los que aquí en Europa no hemos oído nada (vemos lo relativo
y arbitrario que es decir eso de “el mejor equipo de la historia”. Ha habido
tantos...)
Galeano
es muy maniqueo, muy previsible. Tira de tópico con mucha facilidad (en sus libros
históricos las individualidades están encerradas en grupos buenos o malos de
los que no pueden salir. Los malos siempre son los mismos). Por ejemplo, aquí
el Madrid es franquista. Como si los demás equipos no hubieran sido franquistas
(los directivos del Barça cuando ganaban una copa iban a ofrecérsela al
“Generalísimo”, por no hablar del Atlético de Aviación).
Este
libro me parece a mí que se salva por una joya, una carta del escritor
argentino Osvaldo Soriano que no me resisto a reproducir:
“Querido
Eduardo:
Te cuento que el
otro día estuve en el supermercado «Carrefour», donde antes estaba la cancha de
San Lorenzo. Fui con José Sanfilippo, el héroe de mi infancia, que fue goleador
de San Lorenzo cuatro temporadas seguidas. Caminamos entre las góndolas,
rodeados de cacerolas, quesos y ristras de chorizos. De pronto, mientras nos
acercamos a las cajas, Sanfilippo abre los brazos y me dice: “Pensar que acá se
la clavé de sobrepique a Roma, en aquel partido contra Boca”. Se cruza delante
de una gorda que arrastra un carrito lleno de latas, bifes y verduras y dice:
“Fue el gol más rápido de la historia”.
Concentrado,
como esperando un córner, me cuenta: “Le dije al cinco, que debutaba; no bien
empiece el partido, me mandás un pelotazo al área. No te calentés que no te voy
a hacer quedar mal. Yo era mayor y el chico, Capdevilla se llamaba, se asustó,
pensó; a ver si no cumplo”. Y ahí nomás Sanfilippo me señala la pila de frascos
de mayonesa y grita: “¡Acá la puso!”. La gente nos mira, azorada. “La pelota me
cayó atrás de los centrales, atropellé pero se me fue un poco hasta ahí, donde
está el arroz, ¿ve?! –me señala el estante de abajo, y de golpe corre como un
conejo a pesar del traje azul y los zapatos lustrados -: La dejé picar y
¡Plum!”. Tira un zurdazo.
Todos nos damos
vuelta para mirar hacia la caja, donde estaba el arco hace treinta y tantos
años, y a todos nos parece que la pelota se mete arriba, justo donde están las
pilas para radio y las hojitas de afeitar. Sanfilippo levanta los brazos para
festejar. Los clientes y las cajeras se rompen las manos de tanto aplaudir.
Casi me pongo a llorar. El Nene Sanfilippo había hecho de nuevo aquel gol de
1962, nada más que para que yo pudiera verlo.
Osvaldo Soriano”.
El fútbol a sol y sombra (Madrid: siglo XXI, 2011)
