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jueves, 13 de febrero de 2014

Ethan Frome, de Edith Wharton

Creo que lo que distingue una trama vulgar y previsible de otra extraordinaria y reveladora, es a veces muy poco pero determinante. Y eso me ocurrió con la lectura de esta novela de la escritora Edith Wharton, en la que se narra lo que podríamos denominar un drama rural, que tiene lugar en el condado imaginario de Starkfield, de Nueva Inglaterra. Los protagonistas son un granjero pobre, Ethan Frome -que da título a la novela-, su enfermiza esposa, Zeena, y Mattie Silver, joven prima de esta última, que el matrimonio acoge en su casa. La relación de amor, celos, pasión, desengaño, odio que se establece entre los tres personajes parece presagiar un desenlace duro y previsible. Pero ahí aparece el genio descubridor de esta escritora y su capacidad para revelarnos aspectos desconocidos y deslumbrantes del alma humana. Nos sorprende lo que ocurre; pero sabemos que es cierto. Y la razón tiene que ver con eso que podríamos llamar “verdad literaria”: algo que seguramente el escritor no ha visto o experimentado de esa manera y que su imaginación saca a la luz como verdadero. (“Eso vivo” que, en palabras de Juan Rulfo, “se reconoce y le lleva a uno por caminos desconocidos; una realidad que uno logra creer que sucedió o pudo suceder pero nunca ha sucedido”). Y como tal también lo reconoce el lector. 

Además de escritora inteligente y original (su novela más conocida es La edad de la inocencia, adaptada al cine con el mismo título y dirigida por Martin Scorsese), la norteamericana Edith Wharton (1862-1937) hace de su escritura la indispensable reflexión de un creador (qué escribo, por qué, cómo). Ejemplos de estas consideraciones, son el Prólogo a la edición del año 1922 en esta misma novela, y el libro El vicio de la lectura, pequeña publicación del editor José J. de Olañeta, muy recomendable.