Surgidos de la tierracual suspiro apenas apreciado,
cambiaron su talle cimbreante
por rigidez altiva
capaz de soportar sin un quejido,
entre su urdimbre débil,
el fausto renacer
de un mundo fértil.
Mimbre, caña, bambú,
hacen su sangre acero
para tejer, tan sólo con un gesto,
una matriz inmensa
que, en su seno, transporte,
del sol hasta los hombres,
los frutos de esa entraña inanimada
que forman las cosechas y la nada.